1495. QUIÉN TEME AL LOBO FEROZ
ALEX LASA LAMARCA | Báez

Seudónimo: Báez
—¡Han herido a Zeke! ¡Esos gorrinos desgraciados le han acertado de pleno en el hombro! —irrumpió resoplando en la sala, la lengua fuera expulsando la evaporación del sudor.
—¿A nuestro Zeke? ¡Santo del amor hermoso! ¡P…pero si el pobre estaba en el bosque recogiendo hongos para… —giró el hocico hacia su compañero junto a los fuegos, quien en ese preciso instante estaba cortando a la juliana unas lonchas de tofu— Risotto era, ¿verdad?
Este asintió con un estoico balanceo de orejas.
—Déjate de risottos y de hostias. Tenemos a Midas en cuidados intensivos con un agujero de bala que no le ha atravesado el pescuezo de milagro. Está el pobre que no sabe ni de dónde le da el aire. Imaginad que hasta me ha pedido un trozo de panceta antes, de camino a urgencias.
—Santo Dios… es peor de lo que me imaginaba.
—Debe estar delirando. Ya sabéis que Zeke sigue la dieta macrobiótica……
—Y con él van cuatro en la UCI en lo que llevamos de mes. Eso… eso sin contar al desdichado de Pezuñas, que en paz descanse —dijo cerrando los ojos y santiguándose. El resto hicieron lo mismo. El silencio se apoderó de la sala—.
—Debemos hacer algo —irrumpió el cocinero, añadiendo ahora una pizca de seitán y jengibre a la sartén del wok—. Y pronto —aseveró mientras limpiaba la hoja del cuchillo y lo clavaba vigorosamente en la tabla de madera.
Y así fue como aquellos tres lobos se acurrucaron junto al fuego y como, aquella noche de luna llena, junto a un plato de risotto vegano sin hongos, aunaron sus complicidades y urdieron un plan para liberarse de una vez por todas de la brutal opresión de estos tres sanguinarios cerditos a los que nada les gustaba más que cargar sus escopetas de doble cañón y aventurarse en el bosque en busca de algún lobo feroz.
Así fue como estos tres astutos compañeros convencieron a uno de ellos para que atrajera a los tres cerditos a lo profundo del bosque y así, mientras los diabólicos gorrinos estaban distraídos disparando a diestro y siniestro, poder resoplar con seguridad y derribar sus casas antes de que estos regresaran.
Así fue como, cuando finalmente consiguieron derribar dichas casas, los tres cerditos estaban tan ocupados reconstruyéndolas que dejaron de cazar.