¿QUIERES SER MI NOVIA?
PERE BORRUT MORERA | MENCEY

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«-Buenas tardes, ¿la habitación de Alicia Collado?

-Habitación 201.

-Muchas gracias.

-¿Puedo pasar?

-Ernesto, ¿qué haces aquí? No te esperaba…

-Yo llevo esperándote toda la vida, Alicia.

– ¿Y a qué vienes?

-Quiero que seamos novios.

– ¿Qué clase de broma macabra me propones? Yo, aquí postrada, en la cama de un hospital, moribunda, con apenas horas, quizás días de vida y ¿me pides que sea tu novia?

-Te pido que solucionemos una anomalía del pasado, sólo eso.

– ¿Tú entiendes que mañana puedo estar muerta?

– Y yo quizás hoy puedo estrellarme con el coche de regreso a casa. Así que no me hables de mañana y háblame de lo que podemos hacer ahora, tú y yo. Toda la vida bajo el paraguas del miedo y hoy empieza a llover. Es hora de mojarnos y vivir nuestro amor.

– ¡No sabes nada de cómo estoy! Cuando vengan los vómitos, las noches de dolor y cuando desee arrancarte tu vida para arrebatártela saldrás corriendo sin pudor.

-He tardado una vida en decirte que te quiero, y deseo que el tiempo que el cielo nos regale, pasarlo junto a ti. No quiero un amor fácil, de domingo con palomitas ni vacaciones en La Manga. Todo lo que te pase, lo pasaré contigo. Si no estuviera hoy aquí, mi vida sería la de un miserable. La insoportable idea del tiempo perdido y mi cobardía esquiva, me acompañarán siempre. Si hoy no doy el paso, mejor sería tirarme por un puente.

– ¡Vete! Basta ya de este estrambótico sainete. ¿Vienes a lamer tus heridas y silencios a costa mía para sanar tu culpa?Menudo dislate. Nunca conocí a nadie tan egoísta como tú. Tanto que me quieres, ¿serías capaz de desconectarme de estas máquinas?

En ese momento apareció el silencio, solo interrumpido por el crugir de la respiración rota y alterada de los dos. Inertes se miraron y Ernesto se dio la vuelta dispuesto a salir de la habitación:

– ¿Lo ves? -dijo Alicia gritando-. Qué poco duraron tus buenas intenciones.…

– ¡Calla! – se volvió Ernesto sobre sus pasos plantándose a los pies de su cama.

– ¿Pretendes que acabe contigo y así todo sea más fácil? ¿Crees que me tragué mi orgullo para venir aquí y acabar hoy con tu vida?

En ese momento, Ernesto sacó su multiusos del llavero, abrió el filo de la navaja y se la puso con tensión a la altura de la yugular:

-Está bien, tú ganas. Te desconecto y después me desangro vivo.

– ¡No! ¿Estás loco?-exclamó Alicia.

– Loco estaría si dejara pasar tu vida y la mía por no atrevernos a amarnos. Mi vida no vale más que la tuya. Pero entiendo que no lo quieras intentar, porque el amor ni ata ni obliga. Acepto el desamor como consolación por haberlo intentado. Y si tu negativa, ha de ser mi amargo galardón, será la hiel más dulce que haya probado nunca. Solo anhelaba que tú y yo fuéramos en busca de nuestra vida y no dejarte aquí esperando una muerte fría. Te quiero Alicia, hasta siempre amor.

-Ernesto, para… ¿Me invitas a un helado?



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