1044. ¿QUIERES UN CHICLE?
Estela Martín de la Fuente Moreno | Agaporni

‘- Agggg, menuda siesta, y que hambre, ¿cuánto habré dormido? – piensa Blanca.
Mientras se estira, nota como siete caritas la miran horrorizadas, – ¿tan mala pinta tengo? – pregunta desconcertada.
– ¡Pensábamos que estaba hechizada, princesa! Y que no podría despertar hasta que el príncipe le diera un beso de amor.
– ¿Hechizada?, no, después de que la anciana me ofreciera la manzana, yo quise corresponderla con unas cervezas y al parecer… se nos fue de las manos…, pero cuéntame, ¿qué es eso de un beso?
– Sí, de hecho, el príncipe ya debe estar cerca para besarla.
– ¡Para besarme!, ni siquiera me conoce, ¿alguien se ha molestado en preguntarme si quiero que me bese?
De pronto todos se giran al oír unos pasos aproximarse, ¿será el príncipe?, ¡no!, es la anciana, aún más desconcertada que la joven princesa.
– ¡Hola Blanqui!, – saluda complacida, – ¡menuda nos cogimos, tus venenos son aún más potentes que los míos!
– ¡En menudo lío me has metido! – le responde enfadada, – ahora un príncipe se dirige a besarme, el muy listo, ni a una cena me ha invitado.
– No te preocupes pequeña – contesta la anciana, – yo besaré al príncipe y todos contentos.
– ¿Tú harías eso por mí?
– ¿Qué?, ¿besar a un joven, guapo y con dinero?, por ti amiga, haré el sacrificio.
– ¡Perfecto!, pero si te ve así sabrá que no eres yo – dijo mirando las arrugas, verrugas, larga nariz y mentón que la anciana tenía.
– No te preocupes, nos cambiaremos los vestidos, lanzaré un hechizo sobre sus ojos y sólo verá lo que él quiere ver.
– Perfecto, así lo haremos – respondió Blanca.
No habían pasado ni cinco minutos, cuando unos pasos resonaron en el bosque, esta vez sí era el príncipe, ¡todos a su posición!
Mientras se acercaba pudo ver una bella cama con una hermosa princesa profundamente dormida en ella.
– Vaya, es tal y como lo soñaba- dijo el galán más que satisfecho, mientras se acercaba más y más a los labios de la chica.
Pero fue entonces, cuando se encontraba a escasos centímetros de sus labios, cuando le llegó uno de los hedores más repugnantes que había olido, una mezcla entre años de deficiente higiene bucal, cerveza y animal muerto.
Cansada de esperar, la anciana abrió los ojos para encontrarse con la cara de terror del joven príncipe.
-Emmmm ¿quieres un chicle? – preguntó antes de desmayarse.
Blanca, la anciana y tres de los enanitos se fueron a tomar algo, tres más tenían planeado ir a la fiesta de la aldea de al lado y el pequeño mudito se dirigía a casa, ya que tenía una llamada urgente.
¿Y el príncipe? …no sé, creo que sigue inconsciente esperando a que alguien le despierte, asique si os animáis, seguramente ahí siga, en lo más profundo del bosque, al lado de la laguna negra y el pozo de los deseos, ¡pero no os olvidéis los chicles!