RECALCULANDO…
Silvia Gonzalez Laá | Best Friend

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Hasta el segundo plato, la cita de Martina y Manu iba tal y como Best Friend había previsto.



El éxito de esta revolucionaria aplicación para citas se basaba en su asombrosa potencia predictiva: sus algoritmos podían calcular, en cuestión de minutos, millones de posibilidades a tres años vista, y ayudar a sus usuarios a tomar las mejores decisiones.



Para preservar la emoción y la sensación de libertad, BF no podía revelar sus predicciones a largo plazo. Sencillamente, guiaba a sus usuarios hacia su mejor futuro posible susurrándoles breves y concisas instrucciones a través de mini micrófonos injertados en sus oídos. Lo hacía adoptando la propia voz de cada usuario de forma que esas instrucciones fueran percibidas como la voz de la conciencia. Al fin y al cabo, como insistían sus creadores, BF “no decidía por ti”, sino que avanzaba las decisiones que tú mismo tomarías si supieras lo que va a pasar a continuación.



BF había previsto que, tras la cena, Martina aceptaría la invitación de Manu para ir a su casa. Habría sexo y quedarían para la semana siguiente. La aplicación había proyectado otras siete citas en los siguientes 133 días: tres cenas, dos tardes de cine, un paseo en bicicleta y una escapada romántica de la que volverían comprometidos formalmente. Ya tenía fecha para el enlace matrimonial, pre-reservas para el viaje de novios y hasta había previsto el nombre que ambos elegirían para el hijo que, en un 88% de probabilidades, nacería 727 días después de esa primera cita.



Sin embargo, el segundo plato se retrasó lo justo para que se produjera un breve silencio incómodo durante el cual Martina tuvo tiempo de pensar que estaba muy cansada. Cuando llegó el camarero, Manu le dedicó una mirada de reproche que a Martina le pareció sumamente desagradable. Gracias a las instrucciones de BF, Manu pudo retomar la conversación donde la habían dejado, pero Martina se había distraído, sintió la súbita necesidad de bostezar e intentó disimular bebiendo otra copa de vino, lo que modificó las pulsaciones que BF había previsto para esa hora exacta de la noche. Era un desajuste demasiado pequeño como para modificar la predicción.



Tras los postres y obediente al dictamen de su auricular, Manu sugirió continuar con la conversación en su casa. Los auriculares de Martina le susurraron al oído “di que sí”. Martina tardó siete largos segundos en contestar y, cuando lo hizo, pronunció un impulsivo y del todo imprevisto “No me apetece”. Ambos escucharon a la vez un desagradable pitido.



A miles de km, un servidor colapsó. Un fallo eléctrico provocó una reacción en cadena que dejó sin luz a dos ciudades en China, paralizó el tráfico aéreo de NY y obligó a elevar el Nivel Mundial de Alerta Nuclear.



Todos los auriculares conectados a la red BF dejaron de emitir instrucciones a la vez y empezaron a repetir una única palabra: “Recalculando…”.



7 millones de usuarios en todo el mundo se vieron obligados, repentinamente, a improvisar en sus citas.