Recuerdos
Cesar Olmos Lasso | Cesar Del Olmo

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Era una tarde de primavera en Madrid. El reflejo del sol coloreaba las nubes en el cielo con tonos naranjas y rosas que se fusionaban con el azul pálido del cielo como si se tratase de una pintura de acuarelas.

En el parque Fuente del berro, las flores silvestres empezaban a brotar tímidamente imprimiendo toques de color rojo y morado en los campos verdes que las rodeaban.



María caminaba lentamente, como si quisiera dejar invadir sus sentidos por los aromas del parque, sintiendo el viento cálido acariciando su cara y su pelo plateado, oyendo los sonidos de las aves revoloteando de árbol en árbol. Finalmente llegó a un banco que se encontraba debajo de un gran árbol y se sentó en él.



Continuó por un momento mirando al horizonte y dijo: «Qué de recuerdos me trae este parque.

– A mí también – Contestó tranquilamente una voz.

El hombre se sienta en el banco junto a María

– ¿Recuerdas cuando nos conocimos, Antonio, aquí en este mismo parque?- Pregunta ella

– Hace ya 50 años- responde él

– Recuerdo que eras un crio, un chaval inocente intentando parecer chulito – Ella sonríe tiernamente – estabas comiendo pipas y te me acercaste diciendo que habías leído que las pipas alargaban la vida y que alguien tan guapa como yo tenía que vivir muchos años -ella ríe- se te daba fatal ligar

– Aún así lo conseguí responde él esbozando una sonrisa.

-Luego los años pasaron vertiginosamente, cumpleaños, vacaciones, navidades, niños…. Tantísimos momentos ¿Y ahora que hacemos? ¿Qué hacemos con todas estas memorias? Quisiera poder atesorarlas para siempre.

-Lo siento, cariño- responde él agachando la cabeza y con pesar en la voz

– Por mucho que le doy vueltas una y otra vez, no consigo entenderlo ¿Cómo pudo pasarnos a nosotros? ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué me dejaste? – María no puede contener su dolor y comienza a llorar desconsoladamente.

-Antonio, que se encuentra a su lado, extiende su mano izquierda lentamente y la posa sobre la de María para consolarla, pero no puede; su mano atraviesa la de María ya que, como es sabido, los espíritus no pueden interactuar con el mundo terrenal.

María se recompone como puede y respira profundamente.

-Te echo tanto de menos, no se cómo seguir sin ti – María cierra los ojos como si creyera que está en un sueño del cual puede despertar en cualquier momento.

Antonio se acerca a María y le susurra al oído: “Y yo a ti mi loquilla. Repetiría un millón de vidas contigo. Te amo y te amare siempre donde sea que este.”

María abre sus ojos y sonríe.