644. RED WINE
MIGUEL ÁNGEL MORENO CAÑIZARES | SOLOMON

John Red Wine, piloto experimentado de la Guerra del Golfo, desapareció una mañana de abril, mientras realizaba unas maniobras en el Atlántico a los mandos del F-6969, el modelo de combate de última generación del ejército estadounidense. La búsqueda del infortunado militar duró semanas, pero resultó infructuosa. Su esposa Linda y sus hijos Johnny y Bob, desconsolados, lloraron su pérdida. Al cabo de diez años, el gobierno de su país decretó oficialmente su muerte y celebró un funeral en su recuerdo con todos los honores.
Según parece, el avión del capitán Red se estrelló a las afueras de Laguardia, en la zona denominada Cerro de la Mesa, próxima a la carretera de Logroño. Un vecino del pueblo fue el primero en percatarse del accidente, que no ocasionó víctimas aunque sí algunos daños en uno de los viñedos. Avisados los equipos de emergencia, sólo pudieron comprobar los destrozos en el aparato, sin que hubiera rastro del piloto. Las autoridades españolas se pusieron en contacto con las americanas, quienes tras comprobar la autenticidad de la aeronave, se hicieron cargo de la recogida de los restos del F6969. También se organizaron con urgencia batidas de reconocimiento en busca de Red Wine, del que se suponía habría saltado en paracaídas y podría estar por los alrededores.
La noticia del suceso corrió como la pólvora por la villa y fue portada en los telediarios durante varios días, mientras proseguían las labores de rescate. Sin embargo, se perdió la pista del militar y sólo quedó el misterio de más de una década. De tarde en tarde, algún lugareño aseguraba haber visto a un personaje extraño por los alrededores, rumores sin fundamento que se difuminaban transcurridas unas cuantas semanas.
Una mañana, durante la ronda habitual, uno de los vigilantes de la Bodega Viña Real descubrió una mochila abandonada junto a la zona de descarga de la uva. Enterada la policía, se comprobó que no contenía explosivos sino ropa usada, una biblia y un cepillo de dientes. Al día siguiente, la encargada de la visita guiada a la bodega encontró en un rincón de la sala de vinificación, adormilado, a un individuo de casi dos metros, cabello largo, tejanos desgastados y gafas de sol de una conocida marca. Hablaba con acento extranjero, americano para más señas, y parecía feliz. Uno de los turistas, profesor de inglés, se prestó a traducir sus palabras. El tipo recordaba sólo haber sufrido un accidente y, entre algunas incoherencias, aseguró que en su vida había probado mejor vino que el Viña Real Gran Reserva, lo que causó hilaridad entre los presentes.
Según las investigaciones llevadas a cabo con posterioridad, el presunto oficial conocía La Tina como la palma de su mano y frecuentó las cavernas para su disfrute. Absuelto de los delitos de allanamiento de morada y hurto, el norteamericano se quedó a vivir en Laguardia hasta su fallecimiento, esta vez sí, de muerte natural. Se sabe que, con bastante frecuencia, acudía a la Bodega Viña Real, donde era bien recibido.