Rendez-vous
Almudena Álvarez Oliva | Almudena Oliva

1/5 - (1 voto)

Sentada junto al punto rendez-vous de ese aeropuerto que pisaba por primera vez. No se estaba dando cuenta pero le temblaban las piernas. Sólo veía el movimiento de sus rizos. Saltando como si fueran pequeños muelles nerviosos de una cama. Cama. “¿Cómo puedo estar haciendo esto?” Se preguntaba. Quizás era un poco tarde para esa cuestión. En Barcelona. Alquilado el hotel por horas. Billete de vuelta dentro de cinco horas para Málaga.

No llevaba equipaje. Ya tenía bastante con el que llevaba en la mochila mental y moral.

“¿Con un hombre casado? ¿Desde cuándo eres así?” Desde que viste por primera vez esos ojos azules tras la pantalla de tu móvil y te pareció que lo conocías de antes. Pero no de antes en este pasado. Antes de ser Alba. Antes de que ninguno de los dos tuviera los obstáculos que hoy habíais acordado saltar. O más bien, derruir.

“¿Has llegado?” leía desde hacía un rato en la pantalla rota de su teléfono.

“Sí”, terminó contestando tras veinte minutos.

(Clin) “¿Todo bien?” preguntó el móvil.

“Sí” volvió a contestar.

(Clin) “Te deseo tanto que me duele”.

Quizás esas fueron las palabras que hicieron que su parálisis física terminara: deseo y

dolor. Las que hicieron que se levantara. Esos dos mismos sentimientos que acabaron –meses atrás– con su parálisis sentimental.

–Habitación 202–dijo el recepcionista

sin apenas mirarla. Demasiado acostumbrado a ver desfilar cadáveres delante de él.

“¿Cómo puede costar tanto abrir una puerta con una tarjeta?” Por fin entró a esa habitación blanca pero con olor a madera. Tenía encanto. Idónea para ellos. Como si hubiera habitaciones para amantes, para ejecutivas, para familias, para escritores solitarios… Al fondo, encima de una pequeña mesa de metacrilato, una orquídea. No sabía por qué pero eso la alentó. Se acercó. De plástico. “Normal”.

Con toda la lentitud y parsimonia se sentó al borde de la cama sin querer deshacerla. No

quería tocar nada. Quizás así podría despertar de la pesadilla. “¿Cuándo se había

convertido esto en una pesadilla? ¿No era un sueño?” O es que ahora al hacerse

realidad…,¿te has dado cuenta de que es triste? Que los sueños a veces cuando se hacen realidad, son mustios, fríos, bizarros. Obligándonos a vivirlos de manera ex corpórea.

(Toc. Toc. Toc.)

Los ojos cerrados. Apretando fuerte con las dos manos la colcha áspera de la cama.

(TocToc.)

Me levanto, respiro hondo, abro lentamente pero segura la puerta hacia mí. Hacia donde se abren las puertas para la felicidad, hacia dentro. Mi cara se ilumina. Por fin mi reflejo en tus ojos de mar.