473. RESISTENCIA EN PARALELO
Luis Alfonso Ros Gilabert | Rosajam

Chicote, de pie, con las piernas abiertas y cruzando los brazos sobre su pecho, chequeaba la operación. Llevaba mascarilla modelo Gamba Roja de Denia, una chaquetilla a juego y dos sepias como guantes.
Unos químicos chinos, vestidos de un blanco impecable, con batas, largos gorros de cocinero y guantes de látex, introducían espaguetis crudos en mi pene, por la abertura longitudinal del glande; hasta cuatro, enteritos.
No debía moverme, la silla donde me sentaron era de cristal y estaba agrietada. Desnudo, comenzaba a sudar en aquella sala esterilizada que solo olía a sepia. Los químicos eran muy amables, cuatro me rodeaban. Los que sujetaban el miembro, dos, me miraban a los ojos. Era de agradecer. Uno de ellos tenía una única ceja, transcurría paralela al dobladillo de su gorro, casi de oreja a oreja. Era, creo, la referencia que usaban para aceptar la idoneidad de aquellos fideos de sémola de trigo que yo no perdía de vista, la longitud exacta.
Cuando hubieron introducido el cuarto, sonreí. Fueron muy cariñosos. Sonó una musiquilla y entendí que podía irme y …
¡Así me he despertado! Ha sido un sueño algo raro. Ayer no quedaban plátanos en el súper; ¿habrán sido las bananas que cené?
El caso es que tengo una erección bárbara. Siento justo ahí un escozor que me inquieta, donde aquellos chinos hurgaban hace un rato. He de levantarme, sentí un escalofrío cuando vi tal bulto bajo el pantalón.
Antes de entrar al baño, con el pantalón en los tobillos, ya me había visto la faena. Un falo supletorio, contiguo al de toda la vida, compartiendo escroto, entablillado por cuatro agujas de hacer punto, se erguía rígido junto al vecino. La erección era doble y en paralelo. ¿La hubiera preferido en serie?, me pregunté.
Sin dolor, me miraba en el espejo. Tuve que hacerlo, agarré la pasta de dientes y escribí con ella en el espejo. Recordé como hallar el valor equivalente de las resistencias en paralelo de un circuito eléctrico.
Resuelto el problema, me pareció escuchar lo que dijo Chicote al final de aquel sueño: Resistiré, erguido frente a todo. Me volveré de hierro para endurecer la piel.
En la cocina, Mercedes había puesto la radio. Me subí los pantalones.
Ya está bien por hoy.