713. REUNIÓN DE HERMANOS
FELIPE VALERA | Rata

Una de las cosas que más repatea a mi salud mental es reunirme con mis hermanos. Para colmo tengo ocho. Mi psiquiatra afirma que el problema viene de atrás, no del culo , sino atrás del tiempo; no sé si llevará razón pero, como es del seguro y gratis, seguiré yendo para matar el aburrimiento.
Los padecí antes de salir al mundo, nada más nacer me dieron un cuarto de hora de vida. Con el tiempo achaqué tal circunstancia a los trompazos que daban mis hermanos sobre la barriga de mi madre -no querrían compartir sus pocas pertenencias- mientras yo descansaba plácidamente en su interior.
Durante la infancia, las celebraciones a las que acudíamos brillaban por su ausencia -cualquiera invitaba a semejante regimiento hambriento-. La baba resbalaba por nuestras bocas con los anuncios de los petit, donuts y tigretones. Algunos llorábamos imaginando el sabor a paraíso que suponíamos tendrían.
En la adolescencia compartí habitación con mis cuatro hermanos varones. Entre habladurías en sueños, ronquidos y masturbaciones, algunas noches eran un auténtico suplicio.
Actualmente, es acercarse una celebración familiar, especialmente la Navidad, y empezar los achaques. Mi rostro se va transformando, agriándose, terminando el día de la reunión en, según mi mujer, en “ jeta de bulldog con el culo encogío”. Pero la dolencia que más me preocupa, por motivos obvios, es la insurgencia de mi aparato digestivo. Una semana antes del encuentro navideño sufro unas diarreas que te cagas que no desaparecen del todo hasta que los Reyes magos abandonan Belén.
Mi padecimiento ha empeorado con la inclusión de los allegados. Los hijos son cansinos e inagotables, es como si se multiplicaran a si mismos. Mis cuñadas poseen amplificadores de voz en la garganta y son expertas en el cuidado integral del hogar. Mis cuñados son un cóctel de Putin y Trump, entendidos del orden mundial y salvadores universales si los dejaran gobernar.
Como os digo, un suplicio que, con los continuos empujones que da el tiempo, cada día deseo más sufrir.