118. RIMA O MUERE
GUSTAVO MATEOS SANTOS | Hav3fun

Me despierto, aturdido.

No sé cómo he llegado aquí. Escruto a mi alrededor, no identifico el lugar, mi visión es aun borrosa, y varios focos de luz blanca muy potente me deslumbran.

Distingo unas lucecitas rojas que parecen… ¿cámaras?

Escucho una especie de voz masculina y grave, microfonada, que resuena con fuerza en toda la estancia.

—¿A qué hemos venidooooo? —grita la voz.

La voz pertenece a una suerte de presentador o showrunner, y de fondo un murmullo, hay mas gente aquí, calculo que decenas de personas; supongo que detrás de las cámaras. Espera, ¿estoy en un plató de televisión?

—¡A JUGAAAAAAR! —gritan al unísono las voces desde la oscuridad.

—¿Y cuál es el lema del concursooooo? —Pregunta el presentador.

—RIII-MA O MUEEE-REEEEEE!! —Entona el público, en una especie de cántico cuya melodía recuerda a canciones infantiles, pero que viniendo de un centenar de voces adultas resulta un tanto inquietante. Lo de « muere » también me preocupa.

Y además estoy en ropa interior. Bien.

—Exaaaacto. Así que sin más dilación vamos a… —Continua la voz.

—¡Vamos a leches! —Interrumpo gritando, airado.

—No, no, no. Tu no puedes hablar a no ser que sea rimando. —Me increpa la voz con tono condescendiente —¿Qué pasa? ¿no conoces las normas del concurso?

—¿Concurso? ¿qué conc…? —Respondo.

—Eh eh eh —me interrumpe —no vayas a decir nada que no rime, ¿eh? Que te veo.

—Ya me estoy cabreando, ¿me va alguien a explicar, qué narices está pasando? —Le sigo la corriente, qué remedio.

—Ja ja ja —ríe de forma sobre actuada —¿lo ves? No era tan difícil. Pero no tengas prisa, guarda las rimas para cuando hagamos girar nuestraaaa… —alarga la palabra dando pie al público.

—¡RULETAAAAA SANGRIENTAAAAA! —grita todo el público, desgañitándose. Se lo están pasando bien.

Uno de los focos ilumina una ruleta enorme, saturada de colores, textos e imágenes de armas mortales. Un secretario musculado, con gafas de pasta y sonrisa deslumbrante procede a hacerla girar. Se escucha ese «claqueteo» que todos recordamos de los concursos de la tele. No me da tiempo a leer ninguno de los textos, gira muy rápido.

Al fin para, y en la « porción » seleccionada se lee: «¿Será hoy tu día de suerte?»

Un enorme reloj digital se ilumina en la pared detrás de nosotros, empieza una cuenta atrás desde 30 segundos.

—He de burlar a la Muerte. —No es Bécquer ya, soy de Ciencias.

El público aplaude, grita, vitorea.

—Veo que lo vas pillando. —Dice la voz.

—¡Soltadme ahora mismo o…! —Grito.

—Eh, eh, eh, cuidadoooo —Me interrumpe la voz —No querrás que cuente como fallo, ¿no?

—…O aquí habrá un cataclismo. —Respondo —Es lo que iba a gritar, mas no me dejaste acabar.

—¡Ja ja ja! ¡Esa es la actitud! Parece que tenemos un serio contendiente —comenta la voz.

No ha terminado de hablar cuando la ruleta vuelve a girar. Cuando para se lee: «Cari, llegas tarde al trabajo».

—Cari, llegas tarde al trabajo —Escucho la voz de mi mujer.

Me despierto, aturdido.