Ring
Rodolfo Gordillo Rodríguez | just_Rodolfo

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Bruno mira su reloj.

21:59.

Sonríe.

Suena el teléfono fijo.

Bruno contesta con ese tono de voz que le delata enamorado.

—Te quiero.

Dos palabras más fuertes que su voluntad, a pesar de que Bruno nunca haya visto a Marta.

5 meses atrás.

Bruno está jugando a un videojuego en su casa.

Se asusta al sonar el fijo.

Las 22:00 marca la pantalla.

—¿Sí?

—Hola, hablo con la pizzería Napolitana.

Esa voz. Una vez leyó que en los ochenta una droga llamada LSD inundaba tu mente de placer. Sin duda, esa voz estaba hecha de LSD.

—Hola —insistió Marta.

—Sí, ¿quién es?

—Quería una pizza.

—Claro, ¿cuál quiere?

76 veces le ha respondido Bruno que no sabe por qué dijo eso.

Ambos se ríen siempre.

Marta tampoco sabe porqué sigue hablándole. Se quedó sin cenar esa noche.

Bruno le cuenta que se puso a hacerle la pizza. Cogió la base de una que tenía en la nevera y le echó lo más parecido al calabacín, pepperoni y aceitunas que había pedido Marta.

Bruno miró por la cocina. Vio una zanahoria, un bote de aceitunas y un trozo de chorizo. Si lo escondo todo entre un montón de queso rallado da el pego, —pensó.

Una vez hecha, el problema era dónde meter la pizza.

Una caja que tenía en la nevera fue la solución. Tenía algunas manchas de grasa pero era lo que había.

Bruno le cuenta que se sentía como embrujado. Iba hasta a llevársela, pero justo al tocar el pomo de la puerta, la realidad de su inseguridad y timidez volvió a él.

La pizza entre lágrimas de Bruno estaba buena.

Hoy hace 6 meses.

Van a verse por primera vez.

Bruno se pone una camiseta que tiene en la espalda a Spiderman y Mary Jane rodeados por un corazón.

No ha sido fácil para Bruno reunir un valor proporcional al miedo que su cabeza potencia al decirle sin tregua, —no le vas a gustar.

Pero allí está.

No ayuda no saber quién podría ser. Bruno perdió una apuesta y le tocó a él decirle qué iba a llevar. Cada chica que pasa cerca le da un vuelco el corazón hasta que siente un toquecito en su hombro.

Se miran.

Marta es un poquito más alta y muy pelirroja con millones de pecas que resaltan a la luz de su vestido azul celeste, que dice más por lo que oculta que por lo que enseña.

Bruno es moreno y más guapete de lo que él piensa, aunque le sobran unos 5 kilitos.

Bruno está alucinado, hasta que ve el reflejo de sí mismo y su inseguridad en la cristalera de la cafetería donde han quedado.

La sonríe. Se da media vuelta y se va.

Marta se queda inmóvil.

Bruno dobla la esquina y se aleja.

Pasan unos segundos. Marta reacciona. Dobla la esquina. No ve a Bruno.

Ya no puede controlar sus lágrimas.

Siente un toquecito en su hombro. Se da la vuelta.

Mira a Bruno.

Se seca las lágrimas.

—Me gusta tu camiseta.

A Bruno se le empañan los ojos.

—A mí me encantan las 157 pecas de tu cara.

Bruno se da la vuelta y comienza a andar.

Marta se agarra a su brazo.

Se ríen.

Desaparecen calle abajo.