108. ROMEO Y JULIETA CON FINAL FELIZ
Toni Cifuentes Frías | W. Satire

Paris vio a Romeo accediendo al panteón y le enfrentó diciendo si acaso la muerte de la bella Julieta no era suficiente para un villano como él. Romeo, tomando aire, le desveló que habíanse casado en secreto , pero tras lo acontecido con Teobaldo y Mercucio (y para no seguir en esa insensata espiral mortuoria), marchó a Mantua, de donde había regresado al conocer el fallecimiento de su amada. Su intención era comprobar tales y terribles hechos y, de ser veraces, darse allí y así mismo muerte.
Paris lo miró con recelo.
—Quizá me engañáis, pues deseáis el cuerpo de Julieta para hacer con él alguna marrana atrocidad.
—No quería liarme a espadazos —advirtió Romeo—, mas ahora me están dando ganas… Abrir la tumba de mi esposa y, luego, ¿qué, eh, bellaco?
Tras meditar, Paris pidió perdón avergonzado, y una vez aceptadas las disculpas ambos entraron al panteón.
Allí vieron a Julieta, y sin reconocer sus signos vitales: conciencia, respiración y pulso, concluyeron que estaba muerta.
Romeo, repentinamente y entre lágrimas, sacó de su capa un bote con veneno.
—¿Qué vais a hacer?
Se dispuso a beberlo, pero Paris lo detuvo pidiéndole que recapacitara, y en ese preciso momento, fray Lorenzo apareció con una linterna.
—¡Vagina! —profirió Paris.
—¿A qué este alboroto? —preguntó el fraile.
En esas, Julieta empezó a despertarse entre gemidos, y al ver cómo el cadáver se movía súbitamente, sin recuperarse del sobresalto provocado por el fraile, Romeo y Paris se desmayaron.
Tendidos uno sobre el otro, Julieta creyó que habían lidiado y el ganador, al parecer Romeo, habíase envenenado. Recogió el bote de entre los dedos de su amado, y al olerlo y comprobar que era, efectivamente, ponzoña, entre llantos se agachó para lamer directamente y del suelo lo que se había desparramado, aun a pesar de estar sucio y todo lleno de bichos.
—¿Qué hacéis? —la detuvo el fraile.
—¡Marcharme de esta vida y ahora de verdad! Pues en vida se me parece negado el amor de mi Romeo, así que me reencontraré con él en feliz muerte. Y también veré a Paris, a Teobaldo, a Mercucio, a mi prima Gianna, a mi tía Rosalba, a mi amiga Clotilde, a mi perrito Puchi, a…
A lo que el fraile agarró la mano de la chiquilla para explicarle que estaban desfallecidos y nada más.
Posteriormente, ya recuperados y con más calma, fray Lorenzo contó a Romeo lo de la carta en que le explicaba lo acontecido, y Julieta se sinceró con Paris, quien estuvo comprensivo, aunque regañó a Julieta y a Romeo, porque a lo mejor, por un malentendido y no hablar bien las cosas, podrían en ese instante haber estado todos muertos.
Rieron, mirándose con inquietud, y el fraile comentó:
—Y hubiera estado bueno que vuestras muertes hubiesen llevado a la sensatez a Montescos y Capuletos.
A lo que rieron otra vez.
Luego, los cuatro se alejaron, dando fin a esta aventura, en la que la sensatez y el discurso racional y apaciguado puso freno a lo que podría haber sido un drama mucho, pero que mucho peor.