964. RURAL Y MODERNA
JUANA GARCIA SOTO | HÉCUBA

No era fácil ser moderna y snob allá por los noventa en un pueblo de La Andalucía profunda.
No bastaba con apuntarse a todo aquello que rezumaba liberalidad y progreso y que casi no te dejaba tiempo para nada más. Jugaba a baloncesto (aún no había llegado el pádel, muchísimo más cool, por supuesto) se estaba empezando a crear el primer equipo femenino de fútbol, que quedó en eso, en idea y que no llegó a disputar ningún partido, pero ahí estaba yo, inscrita también. Pertenecía al taller de periodismo del instituto, donde sólo tres alumnos redactábamos artículos acerca de los okupas, del aborto, de la religión, pensando que servirían sólo para los anales del instituto y que tras llegar a manos de nuestros padres, los escandalizaron rabiosamente. Recuerdo la mirada inquisitiva de mi padre, pedazo de pan en mano, sobre las lentejas humeantes diciéndome: -“¿Okupas con “k”? Ve por ciencias, mejor”.
Asistía ansiosa al taller de reciclaje, donde los miércoles y jueves por la tarde, tratábamos con unos productos químicos malolientes, de conseguir la fabricación de folios artesanales, mezclando y removiendo papel higiénico y restos de cartulinas recortadas. El resultado, tengo que decir, fue algo decepcionante…Tras una semana de secado, salía una especie de cartón piedra con gotelé, bastante tieso, de tonalidad azul cielo no apto para escribir sobre él, pero que logramos endosar como decorado del belén en Navidad.
Vestir de marca y sobre todo tratándose de Levi’s, Liberto y Chevignon era una verdadera lucha de titanes. Primero, porque había que desplazarse a otro pueblo más grande para conseguirlo; segundo, porque tenías que demostrar a tus padres y repetir avergonzada delante del mostrador y del dependiente que sí, que te gustaba y que te lo ibas a poner y además muchísimo; y tercero, porque si no ibas personalmente, corrías el riego (con el consiguiente ridículo) de que tu madre te comprara unos Lewis, Liberty y Chewinon y que definitivamente con ello, fueras despojado del título de “moderno noventero”.
Era buena estudiante y conseguí una beca de verano en Reino Unido. Esto era lo más. Justo llegar a la casa de mi host family en una pequeña ciudad galesa, no me podía creer que siendo estreñida a más no poder, me entraran esas ganas de ir al baño. Acabada la tarea y en un razonamiento para mí lógico, la cadena debería estar cerca. Tras muchas vueltas, avisté una cuerda rosita colgando del techo a dos metros frente al váter. ¡Claro, si conducen por la izquierda…!Pues no, era el interruptor de la luz. Shit!
Aprendí muchísimo allí, inglés no tanto. Eso sí, vine con el pelo verde, tres piercings y con una entonación más parecida al asturiano y gallego de la gente con la que me relacionaba y que daba el pego de acento guiri en el pueblo.
Ser moderna es una tarea constante, pero merece la pena. Ahora vivo en Madrid, frecuento sitios cool y cuando visito “el poblado”, me respetan. Hay faena detrás.