965. SABIDURÍA ESPAÑOLA
Ignacio Delgado Wicke | Tazón de cereales

Una vieja leyenda cantonesa otorga al mar la sabiduría universal. Por su lenguaje arcaico se hace difícil una traducción fiel. En un afán por acercar costumbres lo intentó Xiaxiao Meng, descendiente de chinos septentrionales emigrados a Italia. En su tesis doctoral “El conocimiento” tuvo que sortear profundos baches lingüísticos y se encontró con una zanja insalvable: la cultural. El manuscrito primigenio -de manuscrito poco queda, su corpus actual es meramente oral (valga la paradoja)- refiere a un pangolín como protagonista. Por el desconocimiento de este animal en el mediterráneo, Xiaxiao decidió transmutarlo en un lobo silvestre, bien reconocido por los occidentales. Pasó el examen con el aplauso tenaz del jurado. George Di Pascua, asistente a la exposición, quiso traducirlo al inglés. Di Pascua empatizó con Meng porque también aparecieron problemáticas. La relevancia del personaje se basaba en su identificación con el pueblo. Reconociéndose anglosajón, sospechaba que un lobo común sería insuficiente para una sociedad tan antropocéntrica como la suya. En un patriotismo racial decidió convertir al personaje en humano. Notando en la conciencia el egoísmo y la gravedad de dicha transformación quiso menguarla, limarla con la espada del tiempo: sería humano, pero un ser humano viejo. Tras muchos borradores decidió compartirla en su círculo. Este se componía de su prometida Sophie y el hermano de esta. Thierry Delepine era licenciado en filología y mantenía con George debates sobre temas literarios que a Sophie ni fu ni fa. En cuanto le contó la historia de la leyenda, a Delepine se le frunció el gesto como si un designio divino le ordenase traducirla al francés. Se puso manos a la obra, enfangándose los codos y leyendo manuales de mitología oriental. Del cambio de pangolín a lobo y de lobo a humano entendió vagamente las razones. Su corazón esculpió con un latigazo la forma que tendría su personaje: la verdad solo puede vestirse de verdad. Su imagen representada en la leyenda sería el propio mar. Sí, un mar dentro de un mar. Le pareció exacto y francés. En un subidón sináptico decidió compartir por redes sociales el resultado de su traducción. Recibió la cantidad necesaria de likes como para aprobarse su labor. Hizo las maletas y se olvidó del asunto porque el verano lo esperaba en una sedienta tabla de surf. Manolo Galán leyó tres veces la publicación de Thierry. Habían coincidido en un campamento navarro. Le preguntó por mensaje privado y, tras bastante espera, consiguió lo necesario para enfrascarse con su traducción al español. No tenía tantos datos como sus predecesores -Delepine, en su maratón de olas, apenas contestaba-, pero sí los necesarios: una leyenda que refería a la sabiduría. Como el calor no ayudaba -viendo por la ventana, además, que Silvia ya había bajado a la piscina-, decidió resolverlo llevándolo a la mínima expresión: de la leyenda pasó al proverbio y, aunando la información disponible, sabiendo que en España lo que sobre todo existe es el multiculturalismo, lo convirtió en una sencilla agrupación de las versiones anteriores: viejo lobo de mar.