1550. SACROMONTE
Gloria Jerónimo Zárate | Gloria JZ

Me dirigía al monte, como de costumbre. Últimamente me gustaba mucho ir allí a pensar a solas, bajo alguno de sus muchos olivos. Me hacía rememorar el gran poeta que por aquellas colinas pereció. En los meses de junio y julio hacía una temperatura increíble para estar sentado hasta la puesta de sol y admirar la belleza rojiza que el sacrificio de tantas generaciones, moriscas y cristianas, habían hecho posible: la Alhambra.
Juan me acompañaba a veces, pero esa noche vinieron todos, la pandilla al completo. Se trataba de una de nuestras reuniones, de esas de las que tanto nos gustaba presumir. Esta noche, sin embargo, nuestra ya conocida grandilocuencia no conseguía calmar las preocupaciones que en nuestras mentes pululaban sin cesar alguno.
Un sabio dijo un día, ‘los tiempos difíciles forjan hombres fuertes, […], los buenos tiempos crean hombres débiles’, o de la forma que yo lo veo, tiempos fáciles hacen gente estúpida. También dijeron incesablemente que el que no conoce su historia está condenado a repetirla, pero nos parecía tan obvio que no había nadie para escucharlo.
Y quizás sí, esta noche recordé que yo mismo di por supuestas todas mis libertades y comodidades. Un simple café en el bar de la esquina, una reunión de viejos amigos, una tarde de picnic en familia, o una sesión de cine con el mascar de palomitas como sonido de fondo. Pero ya no había quien diera marcha atrás al reloj.
En el aire estival se palpaba una tensión áspera. El rascar de los grillos hacía de banda sonora a nuestro caminar agitado. Llegamos a la cumbre, donde todos paramos en línea, a recuperar el aliento. En cuestión de segundos, el crujir de un gatillo, escalofríos en la nuca y el tiempo se detiene.
Juan, en quien yo más confiaba, hizo de esa cima nuestro sepulcro. Ninguno se benefició de su piedad. Era un riesgo que sabíamos correr; a muchos incomodaban nuestras palabras, palabras que esa noche encontraban su silencio, como las del gran poeta.
Pero sin libertad de expresión, me convencía a mí mismo, ya estaba muerto.