347. ¿SALES O NO SALES? (INSTRUCCIONES PARA SALIR DEL ARMARIO, HOMENAJE A CORTÁZAR)
Gloria Mª Bosch Maza | VIRGINIA WORD

Cuando has permanecido siglos dentro de un armario y empiezas a notar un fuerte olor a naftalina y sientes que tu cabello y tus uñas están frágiles por el paso del tiempo y si para colmo empiezas a oír fuera la voz impasible de un arzobispo manifestando que el matrimonio heterosexual es la única unión posible y oyes detrás a un coro de manifestantes encabezados por un partido ultraderechista, no es que estés soñando ni sufres de debilidad mental es que, en el exterior, pasan cosas tan inverosímiles como éstas.
Si además, desde tu refugio, eres capaz de oír un griterío de hienas salvajes que lanzan consignas sobre el poder supremo de la familia y en contra de la diferencia, no es que estés delirando, es que aunque no lo creas, fuera de tu zona de confort ocurren hechos tan increíbles como los que te he contado.
Pero si, a pesar de todo, aún persistes en tu decisión de no abrir la puerta y quedarte indefinidamente entre la ropa interior y los abrigos, resguardado o resguardada del frío y del mundo real y si al margen de las provocaciones, los insultos o la indiferencia crees que los cajones son los lugares idóneos para ordenar los pedazos de tu alma, no creas que utilizaremos ninguna artimaña para disuadirte ni forzaremos con premura tu cerradura ni siquiera invitaremos a Brad Pitt o a Sharon Stone para ofrecerte una calurosa y excitante bienvenida. No, nosotr@s tenemos un buen instinto básico y creemos que un día -esperemos que no sea al filo de la jubilación- tú sol@ abrirás la puerta sin hacer mucho ruido, como lo hacen las mujeres y los hombres que arrojaron un día y de una patada el miedo por el abismo.
Con estos estos argumentos si todavía insistes en ejercer tu libertad de permanecer dentro y estás hasta las narices de que te pregunten constantemente si sales o no sales del armario y además te vuelve loc@ el olor a naftalina de las prendas íntimas y te has hecho cómplice inseparable de la carcoma, entonces quédate en tu refugio dialogando con el espejo pero, eso sí, no digas que no te hemos avisado.