SALVAVIDAS
ANA ISABEL SARASATE SARASATE | INES HOLLAND

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Me está dando una pereza horrorosa prepararme para quedar con ese tío… maldita lianta esta Laura, siempre igual. Hace tiempo desde mi último experimento, no salió mal, simplemente no salió, ni uno ni otro pusimos el más mínimo interés en volver a vernos, a estas alturas de la película, ya estamos todos muy revenidos y ni nos dejamos conocer ni somos totalmente sinceros ni naturales.

Pero habrá que intentarlo, ¿no? Me tengo que concienciar que, trabajando casi siempre en casa y con tan poca vida social, conocer a alguien sería un milagro. Tengo que animarme y, además, qué tengo que perder, aparte de la dignidad…

El eterno dilema, ¿me pongo medio sexy? habitualmente, como me dice mi hermana, parezco una bibliotecaria rancia que nadie se volvería a mirar, por eso me gustaría elevar el nivel pero sin dejar de ser yo.

Laura conoce al tal Carlos del trabajo y dice que es un tío muy majo, me enseñó una foto y bueno…del 0 al 10, yo diría un 6, tampoco yo soy miss mundo…

Debo admitir que estoy nerviosa. Opto por ponerme elegante, parezco una seria ejecutiva.

Habría sido mejor aceptar una cena en parejas con Laura y su marido, pero éste, siempre tan colaborativo, no estaba por la labor, hombressss, si ya digo, yo, estoy mejor sola…

Voy para el garito donde hemos quedado, creo que los latidos de mi corazón se oyen en el exterior, no quiero llegar ni pronto ni tarde…miro por duodécima vez el reloj y ya es la hora, respiro hondo y para adentro… Echo un vistazo al local y una mano se levanta y me hace señas, es él…

La primera impresión no es mala, se levanta y es más bajito de lo que creía, pero, al menos, es más alto que yo, me da dos besos, huele bien y me mira fijamente;

¿qué vas a tomar? Bebemos una caña agarrando el vaso como a una tabla de salvación, la conversación aborda los tópicos de siempre, el trabajo, mi amiga Laura, más obviedades, se hace un silencio incómodo, la música suena de fondo y otros murmullos de otras conversaciones llegan a mis oídos, no se me ocurre nada medianamente inteligente y sonrío tímida, él se revuelve en su asiento, de repente suena su teléfono, el mío también, rebusco en mi bolso mientras él habla con su «madre» a mí me llama mi «hermana», escucho su conversación:

-¿De verdad? y estás bien? y no puedes levantarte? De acuerdo, voy enseguida…

Yo mientras simulo una conversación, a un volumen tan bajo que nadie podría oirme.

-Lo siento mucho, mi madre se ha caido y tengo que ir con urgencia, quedaremos otro día, ok?

Asiento, no me ha hecho falta darle ninguna explicación, él se ha adelantado. Sale precipitadamente y suspiro profundamente.

Quizá merecía la pena. Al menos estábamos sincronizados, habíamos programado la llamada de emergencia en el mismo momento.

Acabo la caña y me largo. Encima se ha ido sin pagar. En fin, mejor sola que mal acompañada. Tacaño.