Sam
Manuel Estrada Navidad | Joresal

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Se oye el tono de «cosmos» en la llamada entrante del iPhone. Ella no ha escuchado nada. Está nerviosa, como una adolescente de quince años, aunque está a las puertas de los treinta. Anda de un lado a otro de la habitación, desnuda, dando saltitos, en un intento de enfriar las zonas enrojecidas de las ingles. En uno de esos saltitos se fija en la pantalla del teléfono que dejó encima del bote de cera, «llamada pérdida de Raúl App».

«¡Joder, es la hora! », chilla histérica mientras sacude el teléfono intentando que se despeguen los filamentos de cera caliente que han quedado enganchados en iPhone. Hoy tiene su primera cita con Raúl. Hasta ahora solo han hablado a través de una nueva aplicación: bloodtinder. Hoy se conocerán e irán a tomar unas copas y, con un poco de suerte, algo más. Lleva horas pensando qué ponerse para cita. En el sofá hay mil prendas de vestir, entre ropa interior, faldas, pantalones, camisas y zapatos, todo de color negro. «No tardará en volver a llamar». Prefiere no esperar y le envía la dirección, y un : «sube cuando estés». Decide ponerse unos pantalones estrechos y una camisa transparente. Se recoge el pelo en un enmarañado moño y se estira en el sofá. «Por fin estoy lista». De repente oye la voz de Raúl. Se queda extrañada. «No tocó el timbre, ¿cómo ha podido entrar?, piensa no muy convencida. Da un salto y se coloca bien la ropa. 

— Hola, Raúl, no te he oído entrar.

— Hola, Sam.  Esa blusa te queda de muerte —le dice, fijándose descaradamente en sus pechos que asoman a través de la blusa.

Ella no sabe qué decir, está confusa.

— Me pongo la cazadora y nos vamos.

— ¿Y si nos quedamos aquí? Tomamos algo, incluso podríamos cenar, y luego, yo pongo el postre —le guiña un ojo, Raúl.

— ¡No me tientes! Llevo una semana sin tomar ni una gota, y no es porque no me apetezca.

Se había prometido que, esta vez con Raúl, todo saldría bien. Él le rodea la cintura con sus brazos y caen al sofá. Se retuercen, empujan. Sus ojos brillaban de la excitación. A Sam la boca le salivaba, y sus dientes crecen. No pudo contener la tentación, clava los dientes en el cuello de Raúl y succiona con ansia. El líquido en su boca le excita aún más.

El timbre de la puerta le hace separar sus dientes del cuello del chico. Abre los ojos, aún agitada. Se desliza entre la ropa del sofá buscando a Raúl. Otro timbrazo la termina de despertar.

Abre la puerta y encuentra al chico en la puerta.

— Hola, ya estoy lista.

— Hola, Sam, estás muy guapa.

Ella se da cuenta de que no lleva la ropa interior.

— Cojo la cazadora y no vamos.

— ¿Si te apetece, tomamos algo aquí antes de irnos? — le guiña un ojo riendo.

— No me tientes chaval, estoy de abstinencia.

Sam le empuja hasta fuera y da un portazo.

«Otra cita que se va a la mierda».