SAN VALENTÍN
Nerea Plaza Aguayo | "@plaza_menor"

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SAN VALENTÍN



Había conseguido salir tranquilo de casa, pero a medida que se acerca la hora del encuentro, Raúl nota cómo aumenta un incómodo cosquilleo en el estómago. Junto a su parada de metro, las rosas de una floristería parecen llamarle y duda de si será anticuado regalarle una a su acompañante misteriosa de la velada. Sigue su marcha escaleras abajo dándole vueltas a lo de la dichosa rosa y, antes de pasar por la canceladora, da media vuelta y sube ligero a la calle. Mientras se atusa un remolino rebelde frente al escaparate, decide dejarse llevar por el arranque romántico y elige una flor.



Una vez en la estación de metro, se sube al último vagón huyendo del bullicio de las noches del fin de semana y se dirige hacia el único asiento libre. Hasta él llega también una mujer y ambos se ceden insistentes el asiento hasta que un joven, con cascos y mirada fija en su móvil, se sienta despreocupado. Se sonríen, de pie, uno frente a la otra, y el tren sacude sus cuerpos al arrancar. Agarran la misma barra inseguros. El calor dentro del metro empieza a sonrojar sus rostros y ella se quita el abrigo, pero se lo vuelve a poner rápida al comprobar avergonzada que, el jersey elegido para su cita, lo lleva puesto del revés dejando a la vista costuras y etiquetas. Observa de reojo a Raúl y éste, con un gesto, le indica que mire hacia abajo mientras se sube las perneras de su pantalón, dejando al descubierto los calcetines desparejados de sus pies.



María observa detenidamente los calcetines del pasajero que comparte barra con ella, tejidos con diferentes personajes de su serie favorita de animación. Lentamente sube la mirada por el cuerpo de Raúl, pasando por el suéter cálido y confortable que invita a posar la mejilla y acabando en su pelo despeinado. Y se pregunta si el hombre de su cita a ciegas de esa noche la mirará con la ternura que emanan los ojos de Raúl, si le tratará con la misma dulzura y si le sonreirá también desde el corazón.



El tren se detiene, se abren las puertas y ambos se bajan. Se quedan quietos en el andén, una frente al otro, y se piden con la mirada no separarse. Raúl coloca la rosa en las manos de María y salen juntos de la estación. Atrás quedaron nervios e inseguridades, olvidadas quedaron sus citas, ya solo importan ellos.



Esa noche, la noche de San Valentín, en el restaurante Lamucca ha quedado una mesa vacía reservada a nombre de Raúl, la primera cita con una mujer que conoció en un chat, una tal María.