1391. SAN VALENTIN
Gemma Cañas del Olmo | Tequila Naranja y Canela

Resumen de los hechos:
Hoy he ido de rebajas. Me he comprado un montón de ropa interior bonita. De esa, que se suele guardar para las ocasiones especiales.
Confieso que hace tiempo que son especiales para mi todos los días y que, debajo del más cutre de mis vaqueros, visto en modo San Valentín.
Me lo debo. Lo de verme guapa, digo. Me debo el sentirme bonita cada día. Porque hubo un tiempo en el que se me olvidó y, con mi diálogo interno, me echaba mucho limón en los ojos y sal en las heridas.
Y un día, cansada de tanto de lo mismo, dejé el limón y la sal para los tequilas. Empecé a decirle guapa a la pelirroja del espejo, monté una pira, y arrojé a la hoguera todas mis bragas feas.
Y andaba yo con un montón de lencería de saldo entre las manos, cuando me he encontrado con un guapo en la zona de pijamas calentitos. Me ha mirado y yo le he sonreído con la ternura que me producen los hombres en las tiendas de ropa interior. A veces despistados, otras tímidos…
El guapo me ha devuelto la sonrisa. Y yo he caminado hacia la caja, pensando en que un guapo en una tienda de ropa interior es claramente un «no disponible». Sobre todo si estamos a una semana del 14 de febrero.
Así que he pagado y, antes de irme, me he girado para cotillear qué iba a llevarse, sopesando la posibilidad de que a lo mejor no tenía novia y el pijama calentito era para su madre o para su abuela…
Y, ¡bingo! No tenía nada entre las manos y me miraba de forma descarada. Sorprendida, he visto como dirigía sus ojos hacia la zona de mi escote. Y como en ese momento me ha parecido que iba a decirme algo, me ha dado un súbito ataque de timidez, y he puesto paso urgente hacia la puerta de salida.
Escuchaba a mis neuronas tímidas gritar: «¡Correeee!». Y el cortisol se me ha subido tan de golpe a la cabeza que he tirado un burro lleno de sujetadores rojos.
Una dependienta ha resuelto mi atentado al orden con diligencia y cuando estaba a punto de alcanzar la puerta, he oído un: «Noooooo». El guapo me ha agarrado del brazo. Me ha mirado intensamente a los ojos, y después ha vuelto a mirar a mi escote. Y yo, desconcertada y ruborizada, he pestañeado torpemente para hacerme la interesante. De pronto se ha acercado a mi oído y, susurrando, me ha dicho: «Llevas un sujetador enganchado en el jersey. Si sales de la tienda llamarán a la policía».
Después ha sonreído. Y en sus dientes blancos, color Luna, he podido ver mis ojos como platos, mi cara de pánfila y mis manos torpes desenganchado el sujetador de 5,99€, tamaño XL, que se me había empadronado en el jersey.
Y sí. ¡Qué desastre!
Después he ido al Mercadona a comprar limones para los ojos, el tequila o lo que surja.