SEGUNDA OPORTUNIDAD
Manuel Valle Romero | UVE

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Apareció de la nada hace dos años, primero por el whatssapp, luego nos comunicábamos por teléfono.

Me había propuesto vernos:

-Una cena y lo que surja.

Su voz era irresistible, sensual, excitante, era lo único que conocía de ella. Finalmente decidí arriesgarme a ciegas. No tenía nada que perder. En casa di la excusa de un viaje de trabajo y me alejé con el Mercedes rumbo a un restaurante de las

afueras. Ella estaba allí, esperándome. Era la mujer más hermosa que jamás imaginé.

Cenamos entre promesas de una noche que recordaríamos toda nuestra vida.

Su mirada, sus insinuaciones, sus gestos, preludiaban el paraíso. Me entregó la llave de

su habitación:

– Sube, ahora voy yo.

– No te demores.

Al abrir la puerta de la habitación sonó el celular:

– Encontré a un conocido, en cuanto me deshaga de él subo. No te duches, quiero que lo

hagamos juntos.

El sueño venció a la excitación y hasta las 8 de la mañana no volvió a sonar el

celular:

-Hola amor, perdóname, fue imposible. Prepárate que te recojo en un

momento. Prometo recompensarte.

Cuando llegó, sin mediar palabra, me besó como nadie lo había hecho jamás.

-¿Colgamos el “no molesten”?

– Antes tengo que salir un momento ¿me acompañas?

– Adonde tú quieras. No te perderé de vista nunca más.

Sacamos el Mercedes, después de dos manzanas, dijo:

-Espera aquí, tengo que sacar dinero.

No esperé mucho. A los dos minutos llegó corriendo empuñando una pistola, una careta

de Groucho Marx en la cara, y una bolsa grande en la mano:

– Arranca a toda pastilla o te vuelo la cabeza. – me gritó mientras se tiraba en plancha sobre al asiento trasero:

– Dobla esa esquina… ahora párate ahí.

Lo hice y saltó del coche dejando la máscara y un puñado de billetes sobre el asiento, como un rayo subió a una moto y desapareció a toda velocidad.

Quedé paralizado, y antes de que pudiera reaccionar tenía alrededor del Mercedes a toda la Policía

de la ciudad apuntándome con sus armas.

Al día siguiente, en todos los diarios del país aparecía impresa mi fotografía en

primera página: “Conocido abogado atraca un Banco negándose a delatar a sus

cómplices que consiguieron huir. Dentro del coche se encontró parte del botín y la

máscara utilizada por su cómplice en el atraco, con quien mantenía una relación

sentimental”.

Han pasado cinco años, hoy he salido libre con la condicional. Perdí mi empleo,

mi familia, carezco de recursos, no se donde ir.

Suena el pitido del celular por donde siempre lo llamaba:

– Hola cariño. Creo que te debo algo.

– ¿Amor…?

Vio acercarse la moto en la que ella huyó aquel día y pensó: La vida te da

siempre una segunda oportunidad.

UVE