941. SEMANA EN RÍO
Daniel Pérez La Manno | El buscón

Cuentan que Kafka, Proust y Rilke se encontraron en Brasil -algunos dicen que llegaron juntos en barco-y que aquello fue un desenfreno. Ninguno habló de literatura; lo único que hacían era beber caipiriña y pasear bajo el sol animado y los crepúsculos de Copacabana, volteando a ver a cada garota que pasaba. Reían a montones y ninguno de ellos parecía -como de costumbre- estar acongojado, angustiado o enfermo. Se les veía de lo más vivaces.
Jugaron un partido de fútbol en la playa, ellos tres contra unos brasileños. A los brasileños no les gusta jugar con gente que no tiene la más mínima idea del deporte, pero con ellos hicieron una excepción -quizás ante la extrañeza que les causaba la peculiar vestimenta y la apariencia de estos tres extranjeros, sobre todo el peinado antinatural de Proust-. Después de unos cuantos partidos los equipos se intercambiaron y el mejor de los brasileños jugó con Kafka y Proust. Rilke, que se desenvolvía mejor en el juego -quizás por su condición de poeta- jugó con los otros dos.
Cuando terminó el partido se bañaron en el mar frío de Río de Janeiro a las seis de la tarde. Esa misma noche se fueron de fiesta y en la madrugada cada uno iba del brazo de una morena a las que no paraban de dar juguetonas nalgadas y cariñosos mordiscos en el cuello. Ellas estaban embelesadas.
Una semana duró aquello. Proust comentó que no recordaba cuál era la última vez que lo había pasado tan bien -por lo que inferimos, conociendo su prodigiosa memoria, que jamás había tenido una experiencia como ésta- y que le había hecho de lo mejor salir de su encierro a despejar un poco la mente. Kafka relató su experiencia a manera de fábula y Rilke, desbordado de emoción, dijo que estaba pensando en escribir algo sobre aquello. Se les preguntó a los otros si pensaban hacer lo mismo, si iban a narrar esta aventura en alguna de sus obras, y dijeron que sí. Pero ninguno de ellos lo hizo. Ni siquiera Kafka en sus exhaustivos diarios lo menciona.
No muchos creen esta historia desaforada de Kafka, Proust y Rilke, pero de que estuvieron en Río no hay duda como lo corrobora una foto que se encuentra en los archivos de la biblioteca Universitaria de Estrasburgo que no ha sido divulgada. En ella aparecen los tres a los pies del Cristo de Corcovado. Kafka erguido, con los brazos cruzados, Proust con las manos en los bolsillos, un cigarrillo en la boca y Rilke apoyado en su hombro, conteniendo la risa. Al parecer Kafka acababa de hacer una morisqueta que a Proust -al que el tedio nuevamente se le esbozaba en el rostro- no le había causado mucha gracia. Sin duda el viaje anunciaba su fin.