25. SEVERO EL SEPULTURERO
María Eugenia De Gregorio | ASCUAS

Esta noche acompañaría a su esposa Mariana a una cena de navidad con los compañeros de la nueva empresa en la que ella había comenzado a trabajar el mayo pasado. Aunque Mariana le había comentado que ninguno de sus compañeros conocía cuál era su trabajo, Severo sabía que existía la posibilidad de que alguien con el inocente objetivo de entablar conversación hiciera alguna pregunta sobre su ocupación. Siempre que se encontraba en situaciones en las que tenía que hablar de su profesión como operario del cementerio municipal, o sea, sepulturero, había conseguido superar el rechazo que su profesión despertaba con toques de humor que acababan con risa nerviosa algunas veces y con carcajadas en otros casos.

Recordaba cuando fue con Mariana a solicitar la hipoteca al banco, tuvieron que dar los datos de sus profesiones. La cara del oficinista de la sucursal cambio, se puso blanco, así que él para quitar hierro al asunto decidió decirle:

-Bueno, cuando me ingresan la nómina podría decirse que “me lo llevo muerto”.

El oficinista no podía dejar de reír de la ocurrencia, incluso sus compañeros en mesas próximas que no comprendían que le ocurría le miraban sorprendidos.

Recordó cuando por fin le confeso su profesión a Mariana, ella se había echado a reir y sin querer le había comentado:

-Me voy a morir de la risa,  ¡uuyyy!  jajajajajaja- Marina siempre reía.

Con los empleados del bar del tanatorio también utilizaba el humor y cuando nadie les oía les decía:

–          Hoy he estado haciendo una reducción de huesos, vamos que he estado toda la mañana “partiéndome la caja”.

Cuando su mujer adelgazaba la decía que iba a “quedarse en los huesos” y cuando se ponía guapa la piropeaba diciéndole que se “moría por sus huesitos”, estaba comenzando a gustarle el humor negro.

Si su hermano le decía algo sorprendente él le replicaba: “me dejas muerto” y cuando su madre le daba consejos o le advertía con refranes, como muchas veces era tan insistente que le cansaba. El la decía:

 -Mama, las frases “lapidarias” son cosa mía que soy enterrador.- Su madre acto seguido se santiguaba.

Llegaron un poco tarde al restaurante en el centro de la ciudad, en el que tenían reservado un menú de fiesta. Algunos compañeros de Mariana hacia más de media hora que comenzaron a dar cuenta del vino tinto que ahora acompañaría a los entrantes fríos: chorizo, salchichón, lomo y jamón ibéricos que el camarero comenzaba a servir. En ese momento la persona que se situaba a su derecha le pregunto:

-Severo y tu ¿a qué te dedicas?

A lo que Severo contesto: -Soy operario en el cementerio municipal, en concreto sepulturero.

Todos los comensales se quedaron callados mirándoles y el decidió hacer uso como tenía planeado del humor:

-¡A cenar! Que en esta mesa hay más “fiambres” que en el cementerio donde trabajo.

La carcajada fue general. Severo se relajó ya había pasado el mal trago, así que lleno su copa de vino.