205. SHIT HAPPENS
Carlos Arranz | Kupa

Camino al parque de las Vistillas ya se intuía el desastre. Carlos creía que estúpido no era, pero que pecaba de tonto demasiado a menudo lo tenía claro y, como dice un monólogo, salir de casa sin ir al baño “sólo puede ir a peor”.

La noche discurría con normalidad. Colegas de botellón con conciertos de fondo, ese maravilloso vacío legal que permite beber en la calle siempre que sean las fiestas del barrio de turno. Bebidas, conversaciones amenas y risas, la típica noche de verano madrileño, genial para salir, horrible para dormir sin sudar.

En estas circunstancias se da el maravilloso espectáculo de tener que ir «al baño», cosa que en las Vistillas tiene el handicap de mear en cuesta si la gente es vaga y decide no bajar la pendiente completa. Esto da lugar al esperpéntico espectáculo de visualizar a uno de cada diez borrachines con un traspiés y estampando culo (en el mejor de los casos) en un césped lleno de minas de orines y alguna que otra emesis. La roca de Sísifo nunca había sido tan asquerosa. En una de esas visitas al baño nuestro protagonista sintió que las aguas mayores ya ejercían su presión y avisó a sus amigos que iría a algún bar cercano… Pobre ingenuo.

Las fiestas de la Latina siempre están petadas hasta las trancas, cosa que hace que no sólo el parque, sino toda la zona esté a morir de peña. Que haya infinidad de gente haciendo botellón no ayuda a la comprensión y facilidad para entrar a los bares «por una urgencia» habiendo extensas colas de gente por entrar y cerrando estos el acceso al interior para abrir barras en el exterior en muchos casos. Carlos presintió que llegaba el drama… estaba en lo cierto. Tras 4 puertas de pub con negativas a saltarse colas y consumir un tercio “por cumplir”, el asunto no aguantaba más demora.

¿Habéis sentido esa sensación de la mente a mil por hora y el cuerpo relantizándose? Así iba sintiéndose mientras su cuerpo reducía la velocidad de acción para no tener escapes imprevistos y su mente barajaba posibles soluciones. No sabía dónde lo había leido, pero siempre le había gustado la definición de “la inteligencia es lo que haces cuándo no sabes qué hacer”, cosa que se repetía mientras observaba posibles soluciones en una calle bien concurrida. Tres contenedores y la pared: las cuentas cuadraban para un cubículo de semi intimidad, llegaba la hora H. La logística de la operación, por supuesto, también era precaria y fallaba. Había dos pañuelos de papel para el post desembarco, nadie dijo que fuera a ser fácil. El equilibrismo de no mancharse el pantalón bajado agarrándose a la pared y al cubo cual gimnasta amateur de anillas era mero sumatorio de incomodidad a la falta de intimidad y llegaba el problemático momento de limpiarse. Sin entrar en detalles sobre lo acontecido, volvió al grupo de amigos afirmando con cierta mofa y resignación que el “ya venía de casa sin calcetines”… shit happens.