SÍ. BUENO, NO.
Celia López Monreal | Celestinder

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En el Madrid post-pandémico, los cuentos no empiezan con un “Érase una vez”, sino con un match entre una psicóloga reconvertida a opositora y un ingeniero reconvertido a consultor. Estos cuentos se convierten, a veces, en historias de fantasmas, pero este en concreto se convertirá en una historia de amor.

En un bar, dos personas comparten una ración de nachos con guacamole. Él es el chico del match, Bruno, pero ella, Carlota, no. Al menos no es la chica de este match. El match de Carlota y Bruno fue pre-pandémico, pero esa es otra historia.

El match actual es Nora y acaba de entrar por la puerta. Bruno, al verla, se pone primero completamente blanco y luego rojo. Nora recorre con la mirada las mesas, buscando algo, a alguien. A él.

—¿Javi?

—Hmm no —responde Carlota por Bruno, examinando a la chica con curiosidad no disimulada.

—Sí —corrige Bruno inmediatamente—. Bueno, no. Soy Javi en la app, pero mi nombre real es Bruno. Tú eres Nora, ¿no?

Se levanta para darle dos besos. Nora devuelve el saludo con el ceño fruncido, confundida.

—Sí, soy Nora… dentro y fuera de la app.

—Yo soy Carlota. —El match pre-pandémico se levanta y le da dos besos también a Nora—. Siéntate. ¿Qué te pido, Nora? ¿Cerveza?

—Agua está bien, gracias.

Carlota asiente con la sonrisa más educada del mundo y va a la barra a por la bebida. Nora agarra del codo a Bruno para obligarle a sentarse junto a ella y tener la inevitable e incómoda conversación a espaldas de Carlota.

—¿No sabe quién soy?

—Sí. Bueno, no. Sabe quién eres… como concepto. Hemos hablado de ti, de la posibilidad de ti, varias veces. Le apetece mucho.

—Genial, le has montado una encerrona entonces, rollo Celestino.

—Sí. Bueno, no. No es encerrona, es sorpresa.

—¡A nadie le gustan las sorpresas!

—A mí sí. —Carlota es una sonrisa andante cuando les interrumpe, dejando una botella de agua sobre la mesa y volviendo a sentarse—. Y tú también me gustas, Nora. Así que puedes relajarte.

Nora no obedece. Bruno, sí. La tensión abandona sus hombros e incluso se anima a sonreír. Intercambia una mirada de agradecimiento y complicidad con Carlota y ambos centran su atención en Nora.

—Perdona, debería haberte avisado —se disculpa Bruno—. Siempre se encarga ella de llevar la iniciativa en estas cosas y quería demostrarle que también puedo organizarlo yo. Y no quería que tú pensases que era el típico tío que intenta encasquetarle un trío a su novia porque le da morbo y una vez en situación espera que a las dos les de palo decir que no… porque sabes que puedes decir que no, ¿no? O sea no te vamos a…

Carlota alza una mano para detener el ataque de verborrea de Bruno, mostrando toda la calma que su novio no consigue reunir. Ella sencillamente pregunta:

—Nora, ¿quieres que continuemos con la cita?

—No. Bueno, sí. Quiero continuarla, pero no aquí. ¿Me invitáis a vuestra casa?