802. SI YA LO DECÍA MI MADRE
GEMA VALDERICEDA FALCÓ | GEMAVF

¡De puro bueno, eres tonto! Me decía mi madre cuando era pequeño, y ahora sus palabras resuenan en mi cabeza como el eco de esa niñez todavía en blanco y negro.
Nunca me he considerado especialmente bondadoso, siempre he llevado una vida normal, de pequeño fui obediente, cariñoso y buen estudiante, de adolescente, como todos, tenía las hormonas revolucionadas, alguna borrachera, alguna pelea, nada que se saliera de lo corriente, y de mayor, más de lo mismo, funcionario, con buen trabajo, buen horario y un sueldo suficiente para llevar un nivel de vida por encima de la media, casado y con dos hijos ¡Mis padres estaban tan orgullosos de mí!
¡Joder, qué vida más simple! ¡Mamá, no era bueno, era soso, pero tonto, tonto era un rato, un tonto que se creyó listo, que es lo peor!
Cuando la conocí, la vida que había construido se desmoronó y me dejó de importar, mi mujer y mis hijos eran meras sombras, mi casa pasó a ser el lugar del que escapar y mi trabajo, el medio para conseguir todo lo que ella quería.
¿Conocerla fue casual? Lo desconozco, quiero creer que sí. Era hermosa y lo sabía, sabía perfectamente el efecto que producía en los hombres y me dejé llevar por los cantos de mi sirena, una sirena que me llevó a su terreno; me dejé arrastrar confiado y como el tonto que ya pronosticaba mi madre, la seguí sin atenerme a las consecuencias.
Al principio solo fueron pequeños caprichos que me podía permitir, luego empecé a ofrecerle el nivel de vida que ella merecía, a costa de perder el mío, pero yo seguía igual de tonto que antes, peor, era un tonto enamorado, o un tonto encoñado que también me vale porque después de veinte años casado, volver a disfrutar del sexo me atontó al máximo.
Al final presionado por su ambición acabé robando dinero en mi trabajo, sí, señores, a Hacienda que somos todos, les acabé robando el dinero a todos ustedes, y viví muy bien, a cuerpo de rey, porque también iba colgado del brazo de sus caprichos, viviendo una vida que ni siquiera había soñado pero que me encantaba, no nos vamos a engañar.
Ahora, aquí encerrado y esperando un juicio en el que voy a salir culpable, porque lo soy, no paro de pensar y repasar todos los errores que cometí para que me acabaran pillando. No me arrepiento de casi nada, conocerla fue mirarme en el espejo y descubrir que mi vida era una mierda. Ella era una egoísta, pero liberó a mi verdadero yo, aquel que es capaz de mentir, de estafar y de pasar por encima de quién sea, incluso de su propia familia para conseguir lo que quiere, una vida nueva, rodeado de lujos y de buen sexo, aquella que solo vemos en las películas yo la tuve hasta que me pillaron. Por eso, mamá, siento contradecirte, nunca fui bueno, pero sí he sido muuuuuy tooooonto.