27. SICARIA DEL HUMOR
REBECA SERRADA PARIENTE | Canda Porfuera

Tía, te lo cuento por audio. Estaba tranquila, leyendo, y de repente llaman al timbre. Abro y es el cartero con una carta certificada. “Ya la he vuelto a cagar con la declaración de la renta”, pienso yo. Ya sabes que uno de mis mayores temores es que me encarcelen por rellenar mal los impresos. Abro la carta y ¿sabes lo que es? Una citación judicial. Los cabrones de Hacienda, que van a por los peces pequeños y no se meten con los políticos, ni los futbolistas que de ahí sí que tienen que rascar. Pues tía, empiezo a leer y resulta que no es de Hacienda es que… perdona que llore pero es que es muy fuerte, no sé ni cómo decírtelo. ¿Sabes de qué se me acusa? Dicen que me tengo que personar en el juzgado porque he matado a alguien… de risa.

Me cago en todo y yo he pensado: a mí nadie me ha invitado recientemente a un funeral, no puede ser nadie que conozca. Sigo leyendo la carta y veo que el difunto es Pablo García Santos. ¿Tú sabes quién es Pablo García Santos? Mi jefe, tía, he matado a mi jefe de la risa y ni siquiera me han invitado al funeral. ¿Y yo qué le hago si tengo gracia natural? Nací así, tú lo sabes. Me he criado viendo películas de Paco Martínez Soria y Camera Café, los chascarrillos me salen solos, ¿por qué me ha tenido que caer a mí esta desgracia? Podría ser sosa, no intentar tapar mis traumas con bromas pero no, tía.

He pensado: ¿cuál fue el chiste homicida? Te juro que no he visto reírse a mi jefe en la vida. Y he llegado a la conclusión de que el cabrón lleva años encerrándose en el baño para reírse a escondidas, llámame paranoica pero estoy convencida. A mí el tío me caía fatal, no me enorgullezco de haberle matado, pero era gilipollas. Aunque ¿sabes lo que me da más rabia? Que cuando pregunten en el funeral que de qué ha muerto, alguien dirá que de la risa y, no me digas que morir de la risa no es una muerte de la hostia, viste muchísimo y te hace parecer buena persona. Es mucho mejor que morir de una enfermedad y sin duda mejor que hacerlo de repente, en un accidente, por ejemplo.

Yo sé que no me puedo deshacer de esta gracia inherente. Entiendo que esto en juicio no va a ir p’alante. No tiene sentido que me condenen por graciosa, a no ser que apliquen lo de los límites del humor. El caso es que como seguramente me despidan, he pensado que puedo ser sicaria del humor. Es decir, que gente me pague para matar a otros de risa y hacer que su vida acabe con el mejor lazo, redimiendo años de rabia, elevando a las personas a la categoría de cachondos mentales. Así, como idea de negocio, ¿qué te parece?

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