Siempre el cine
Javier Martín Moreno | Dioni Oco

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A sus dieciséis años no le hacía falta maquillaje para estar guapa. Pero esa tarde era especial, así que tardó más de lo habitual en elegir qué ponerse: se probó una falda negra y descartó varias blusas hasta que finalmente se decidió por la blanca con lunares negros y manga larga, su favorita. Se dio un poquito de colorete y se pintó cuidadosamente los labios y los ojos. Sonrió satisfecha frente al espejo.

El chaval, de pocas palabras y un poco introvertido, cogió mecánicamente unos vaqueros y una de las varias camisas blancas que siempre se ponía. Sólo podía pensar en qué le diría, de qué iba a hablarle. Normalmente le bastaba con seguir la conversación de alguno de sus amigos, asentir y reírse de vez en cuando. Pero hoy debería tomar él la iniciativa.

Solían ir en grupo a hacer deporte, a bailar o a algún espectáculo, con otros chicos y chicas del barrio. Hoy era la primera vez: habían superado la timidez para dirigirse directamente al otro, habían sufrido las risitas pícaras de las chicas y los comentarios jocosos e incluso algo procaces de los chicos y habían quedado para ir los dos solos al cine.

Quedaron donde siempre, aunque un poco antes para no coincidir con los demás. Únicamente un “hola” por saludo. Fueron en el metro, sin hablar mucho, sin acercarse demasiado. Sólo al salir de nuevo a la calle y con la excusa de cruzar deprisa la Gran Vía, él se animó a cogerle la mano.

La película y el cine los eligió ella. Esperaron toda la fila cogidos de la mano, hablando de lo que hicieron el fin de semana anterior, y soltando una risa tonta de vez en cuando. El se adelantó para comprar las entradas, le dio una propina a la taquillera y se sonrojó cuando esta le dio las entradas con una sonrisa diciéndole que disfrutara de la “fila de los mancos”. Entraron directamente a la sala, sin comprar palomitas.

Hace casi cincuenta años de aquel día, y siguen sacando las entradas en la última fila, y siguen sin comprar palomitas. Las caricias furtivas que escondían la pasión de entonces son hoy un tierno beso de amor al final de cada película.