Siempre estás con lo tuyo ¿Qué estás escribiendo?
Joan Zamora Cobos | Joan Zamora Cobos

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Lola redacta su texto. “No escribiré mucho más, tampoco”, está a punto de acabar el plazo. “Me da miedo mi inspiración, ya que es muy… efímera “, es la primera vez que nos vemos, que estamos juntos en esto que llamamos vida y ya me ha compartido algunas de sus palabras. Qué emoción. Para ella las palabras son un mundo, para mí la vida entera. Compartir palabras es casi, casi, como compartir silencios. Pero ahora es imposible, el silencio. Aunque callásemos, hablarían nuestros cuerpos por nosotros, quizá las cosas: el colchón, las sábanas, las cortinas, la ropa que lleva días tirada en el suelo. En nuestro silencio irrisorio de pareja moderna hablarían las cosas mudas. En nuestro callar, los seres sin nombre se alzarían. Alguno pensará “¡Que insonoricen este mundo!”, y yo le reprocharía que estoy en mi primera cita, en la cama, escribiendo, con Lola delante, también entre palabras inmersa, bañada casi por entero de la morfología de la realidad y que antes de apagar su voz tendrían que acabar conmigo. ¿Qué le pasa a este mundo?



Para no seguir escribiendo sobre temas abstractos, y siendo que quedan unos quince minutos para enviar el texto, procederé a describir nuestra situación, que me la conozco muy bien. No es nuestra primera cita, ni mucho menos. Llevamos año y medio juntos. Vivimos en Gerona, Cataluña, sólo que ella es salmantina y yo debo de tener esencia inglesa, quizá francesa. Ambos estudiamos filosofía. Ambos estamos de manicomio. Nuestra habitación podría ser perfectamente un manicomio. “Es un poco abstracto, eh” me dice, “pero ya me gusta”. Espero que le dé tiempo. Bueno. Pienso que cuando se cierra una habitación, si hay buena insonorización (aceptaremos que la nuestra la tiene, aunque he tenido que parar de escribir porque se escuchaban los gemidos de la novia de nuestro compañero de piso y los de la esquizofrénica de abajo al unísono), no se puede saber de ninguna de las maneras si el resto del mundo sigue siendo el que era antes se hacerlo. Como cuando se cierran los ojos. E ahí la magia de la literatura. E ahí la magia del amor y de las emociones. Sean como sean, por internas, son puras.



E aquí la magia de las palabras en general.