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ERNESTO ORTEGA | Veraneante

Mientras unas oyen voces, yo escucho risas enlatadas. Ja, ja, ja, ja… Se me meten en la cabeza y resuenan en mi cerebro. Ja, ja, ja, ja…. Cuando esto ocurre, dejo todo lo que estoy haciendo y me giro como buscando las cámaras en el techo de la habitación o a los telespectadores al otro lado de la pantalla. Es como si viviese dentro de una comedia de situación y yo fuese el protagonista. A veces, me quedo mirando fijamente un punto y comienzo a saludar y a hacer muecas.. Ja, ja, ja… Por eso, me esfuerzo constantemente por provocar situaciones divertidas. Me tropiezo con cualquier cosa, me saco mocos en el autobús y los pego debajo de la silla, dejo que se me queme la comida o que se me caiga un plato, salgo a tirar la basura en pijama y me dejó las llaves en casa. También simulo gatillazos en la cama. Ja, ja, ja. Mi mujer no lo entiende, Dice que lo nuestro no es ninguna comedia, que se acerca más a un drama costumbrista y que va camino de convertirse en una tragedia griega. Que si seguimos así se separa. Ja, ja, ja. Por eso, he aceptado ir a terapia. Reconozco que disfruto contando mis intimidades al psicólogo, la primera vez que besé a una chica con brakets, ja, ja, cuando me metí en la cama con mi suegra por error, ja, ja, o el día que me robaron la ropa de la piscina y me detuvo la policía por subir al metro en bañador. Ja. Al final, las risas han acabado desapareciendo y mi vida se ha convertido en algo muy serio. En cambio, ella se ha marchado con mi psicólogo y ahora tienen su propio spin off.