512. SOCIOLOGÍA DEL BEBERCIO
Pablo Villaverde Pérez | Pablo Villaverde

Vivimos tiempos convulsos. En medio de esta terrible pandemia, no sólo peligra nuestra salud y nuestra economía. Peligran también nuestras costumbres sociales, y la que más, el botellón. Miles de chavales están siendo multados a lo largo y ancho del territorio nacional por poner en práctica esta bella costumbre. ¿Quién no le ha entrado a la chorba de un colega después de un botellón? ¿Quién, después de un buen botellón, no le ha confesado a algún colega que a veces tiene fantasías homo cuando se la casca? ¿Perderemos estas sanas costumbres? Los tiempos son los que son, y hay que hacer las cosas bien, y yo por eso, como buen sociólogo y filántropo que soy, propongo una solución para que nos podamos seguir reuniendo en los parques a pillarnos un buen ciego sin temor a contagios ni sanción policial alguna: el hidrotellón. El hidrotellón consiste en lo siguiente: quedas con la peña, os aprovisionáis de una caja de tampones y de un bote de gel hidroalcohólico, os váis a vuestro parque favorito, untáis los tampones en el gel, os los metéis por el ojaldre y las mucosas anales ya absorven la priva. Doble placer, y sin necesidad de quitarte la mascarilla, de forma que si un policía se acerca a preguntar qué hacéis, por muy ciegos que estéis, le decís que nada, que charlar un rato en pandilla sin más. En este punto cabe subrayar que es importante que siempre haya alguna chati en la tropa para que sea alguna de ellas quien guarde los tampones, por que si sois todo tíos a lo mejor os registran las mochilas, ven los tampones, se huelen la jugada y puedes acabar con un poli de esos que van al gimnasio y le queda el uniforme que no veas metiéndote los dedos por el culo (que tampoco es ningún drama, ¿eh?). Otras ventajas del hidrotellón son el ahorro económico y el respeto al medio ambiente, pues puedes rellenar el mismo tampón cuantas veces quieras y volvértelo a introducir en el ojo ciego después de bañarlo con un buen lingotazo de hidroalcohol. Además cuando te lo desenchufas del bull es muy evocador, por que si te fijas, le queda un color muy parecido a un cubata de ron-cola, con lo que la emulación botellonesca queda muy real. Por último deciros que a nivel chuzarse la experiencia funciona que no veas, yo lo probé anoche solo en casa y acabé masturbándome viendo fotos de Sanchez-Dragó en internet, con que que no os digo más, así que chicas: cuidado con conducir por ambos carriles al mismo tiempo con esto del hidrotellón porque os exponéis a un coma etílico de los buenos.

Relato escrito una tarde de septiembre de 2020
tras pasarme la mañana entera tomando vinos
por el noble barrio de Vista Alegre