SOLEDAD
ANGEL RODRÍGUEZ DELGADO | Rebecca Jorden

3/5 - (1 voto)





Hace horas que hemos dejado atrás el caos de fuego y metal achicharrado en que se convirtió la autopista, cuando los vehículos quedaron repentinamente sin sus conductores . Esta comarcal, por la que avanzamos, aparece completamente despejada. El vehículo que tomamos para avanzar, quedó atrás, en la cuneta sin gota de combustible.



Caminamos por pura inercia. Somos extraños en un país extraño. Dos sombras en la gélida noche sin un rumbo fijo.

Ninguno de nosotros ha abierto la boca en horas, pero eso no significa que no nos hagamos preguntas. Aún permanecemos en shock. Lo que estamos viviendo, sólo puede ser una pesadilla compartida, una especie de psicosis colectiva.

De cuando en cuando, me obligo a inspirar profundamente y desear con todas mis fuerzas despertar. Volver a la realidad. Si esto un sueño, nunca había experimentado nada igual. El dolor que siento cada vez que tropiezo o mis tobillos se tuercen es tan real como el viento helado que me abofetea. Tengo la sensación de que la piel de mi cara se tensa con cada ráfaga.



El hallazgo de la gruta fue casual. Improvisamos esta excursión ayer por la tarde, con el único ánimo de pasar un día de pesca en el lago en nuestras modestas bicicletas alquiladas. Tomamos las carreteras menos transitadas y atajado por caminos de arena y polvo. Pero tengo la sensación que eso ocurrió hace mil años.



La entrada a la gruta era de tamaño minúsculo, pero tras arrojar unas cuantas piedras y escuchar el eco que producían al chocar contra el suelo, dedujimos que aquello era más grande de lo que aparentaba, así que decidimos descolgarnos por los salientes de la pared que descendía casi verticalmente.

Estuvimos perdidos por pasadizos y galerías un tiempo indeterminado a la luz de nuestros mecheros y unas rudimentarias antorchas que fabricamos con raíces secas y volvimos al mundo exterior emocionados por nuestro hallazgo, sin saber con seguridad si éramos los únicos conocedores de la existencia de aquella caverna. Sólo que el mundo había cambiado, aunque eso… aún lo ignorábamos.



Durante la tarde, hemos albergado la esperanza de cruzarnos con alguien. Al principio buscábamos personas, pero nos dimos por vencidos enseguida ante la evidencia. Así que comenzamos a buscar aves, insectos o cualquier otro animal. NADA. Sólo vida vegetal… y nosotros

Ni rastro de personas, vivas o muertas, calcinadas o idemnes. NADA. El mismo resultado obtuvimos en las poblaciones que cruzamos Ni siquiera cadáveres. Es como si nadie hubiese existido jamás. Sólo quedan sus obras. Ellos y sus animales, han desparecido. Sin más.

Ahora estamos solos con toda una civilización para nosotros. Todo está a nuestra disposición. Todo el planeta y lo que contiene nos pertenece. Sin embargo, yo sólo quiero despertar de esta pesadilla.

No hay duda de que algo ha ocurrido mientras estábamos en esa cueva. Esta nos ha aislado de lo que quiera que haya acontecido aquí afuera.



Me va a pesar mucho haber aplazado la cita con mi dentista, posponiéndolo para el regreso del viaje. La carie comienza a molestarme precisamente esta noche.