Solo es un juego
Alba Lúa Martín Velasco | aluamar

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—¡Mátalo! ¡Vamos, joder!

En los auriculares resuena cada disparo. Uno, dos, tres; seguidos. El cuarto llega después, con desgana. Le echo la bronca a Rubén, mi compañero; él sabe que eso resta puntos. Esta mañana, en clase, decidimos que hoy estaría yo al mando. Cuestión de experiencia.

En pantalla aparece nuestro siguiente objetivo: robar la Joya del Prostíbulo de Eguisheim. Clicamos y accedemos a una sala amplia, llena de prostitutas de todas las razas y formas. Hago zoom a una china y captura de pantalla, para luego.

La Madame nos espera sentada en un sillón, al lado de la chimenea. Acciono la conversación.

—¡Bienvenidos a Eguisheim, el Paraíso en la Tierra! ¿Qué buscáis? ¿Rubias o morenas? ¿Salvajes… o domadas? —el tono de la Madame es sugerente, pero Rubén responde ágil:

—¡Entreganos la Joya!

En pantalla, la Madame sonríe. Le faltan varios dientes.

—La Joya no es algo que os pueda dar… La tenéis que robar —contesta, intrigante, señalando hacia una puerta.

Noto el titubeo de Rubén. No le quedan más vidas, así que me adelanto, por lo que pueda pasar. Acciono la puerta y aparece una habitación pequeña, iluminada únicamente por velas. Atada a la cama, con ropa vaporosa, una chica de piel blanca y ojos verdes, nos observa con miedo.

—Tú… ¿eres la Joya? —acierto a decir.

Ella, con voz dulce y apenada, dice:

—Yo no —dirige la mirada hacia abajo mientras abre las piernas.

Aparecen varias opciones de comandos:

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△ Penetrar

O Golpear

☐ Sexo oral

500 puntos para conseguir la Joya

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Escucho la respiración acelerada de Rubén.

—Tío… Esto es pasarse, ¿no? —me dice.

—Rubén, es un juego, ¿qué más da?

Decide mantenerse conectado, pero seré yo quien cumpla la misión. Al fin y al cabo, estoy al mando.

Me pongo al lado de la cama. La chica me observa con ojos tristes. Pulso el triángulo; empezar fuerte suma. Su aullido de dolor atraviesa los auriculares. Pulso el triángulo hasta sumar 100 puntos. Cambio al círculo. La golpeo en la cara; la pantalla se mancha con su sangre. Buen efecto. Pulso el cuadrado. Se suman otros 50.

Sigo combinando comandos, pero no sumo nada. Insisto a Rubén; tiene que probar él. Duda, pero al final cede. Pulsa el triángulo y sumamos 100 puntos. A la vez, yo pulso cuadrado. 150 puntos. Oigo a Rubén reírse, pulsando triángulo de manera frenética; casi no se escuchan los sollozos de la chica. Decido probar con el círculo. La sangre sale despedida; 50 puntos más. Rubén pulsa círculo también y logramos los últimos 50 puntos.

Nos retiramos de la cama. Vemos el cuerpo amoratado de la joven: su vestido vaporoso está bañado en sangre. De su entrepierna abultada y enrojecida surge una gema. En pantalla leemos: “¡Buen trabajo! Tienes la Joya”. Gritamos por el micro, emocionados; pasamos al siguiente nivel. Mientras la pantalla se difumina, observo la cara de la chica. Con la boca abierta y los ojos cerrados cualquiera diría que está muerta. Qué más da, solo es un juego.