SOLO PARA MI
Mar Moreno Espino | eskapate

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Otro día en el que me levanto cansada. Despierto para ir a trabajar y trato de que el mal tiempo que hace no me mine la moral. Me esperan diez horas plantada delante de un montón de gente que disfruta su delicioso café sin pudor hacia mi cansancio. Justo hoy es un día en el que me arrepiento fervientemente de trabajar cara al público. Ves a tanta gente que solo se preocupa por sus cosas y sus intereses que a veces dan ganas de tirarles el café a la cara, o en su defecto, darles una mala contestación.

Comienzo a prepararme, mientras desayuno un café frío y justo con el primer trago, me empiezo a preguntar: ¿Cuánto hace que no me arreglo para mi?. O sea, no quiero que se me malinterprete, yo no tengo la necesidad de arreglarme porque no me sienta bien conmigo misma, pero siempre hay una excusa externa para arreglarme, para autoregalarme un peinado nuevo, un maquillaje nuevo, comprarme ese vestido que tanto me gusta (…).

Le estuve dando vueltas un rato mientras terminaba el café, pero sin más, lo dejé ir. Realmente no tenía tiempo para perderme en ese pensamiento. Por lo que, cogí mis cosas y me fui.

Pero estando en el metro volvió el pensamiento, cada vez era más consciente que cada día me levantaba para estar bien para otros, no para mi. Que esto no era solo arreglarse, que era todo, incluso el intentar dormir bien, era para estar decente para otra gente.

La indiferencia e inconsciencia fue transformándose en rabia y frustración, me sentía ninguneada y engañada y lo peor, es que era yo la que se estaba comportando así conmigo.

Es como si hubiera estado dormida toda la vida y de repente estuviera despierta. Estaba tan despierta que me di cuenta que realmente el sistema estaba hecho para tratar bien al resto sin importar cómo estuvieras tú.

Forzarse a estar bien cuando no puedes más es un acto de valentía y la verdad, estoy harta de no tener ningún reconocimiento. ¿Cómo es posible que eso no tenga ningún premio?

Todos estos pensamientos empezaron a entrar en mi cada vez con más fuerza, tenían tanta fuerza que casi me salto mi parada.

Me bajé y me dispuse a llegar a mi puesto de trabajo, pero llegaba con otra energía. Con una energía empoderada, rabiosa, cansada de tener que ser para el resto y simplemente me dejé llevar y me dejé llevar tanto que dejé mi trabajo, casi sin pensarlo, por un impulso que venía de muy de dentro. Y por primera vez en mi vida sí que tuve un premio, regalarme una primera cita con alguien increíble, yo.