1532. SOLO SOY EL TIPO IDEAL
Jaime Expósito Atenciano | Jamie Spano

La gente piensa que un detective privado va por ahí salvando vidas, con una pipa de medio metro y partiendo la pana. Pero nada más lejos de la realidad, me paaso más horas dentro del coche que un taxista para luego pillar un segundo a un tipo abrazando y besuqueando a una mujer. No hay nada de qué avergonzarse si no fuera porque no es su esposa sino la amante de turno. Si, para eso sirven los detectives privados, me chupo más videos de Youtube que el Rubius y Auron play juntos, esperando a pillar al pardillo de turno. Así que los viernes después de una larga semana de trabajo, me gusta pegarme un homenaje.
Salgo del cuchitril de despacho alquilado que tengo en la calle Arlabán, en el distrito centro y bajo por la calle del Príncipe previa reverencia en la puerta del teatro Español. Luego continúo hasta la plaza de Santa Ana, donde hago mi primera parada obligada para tomarme un vinito, en la misma mesa de siempre, en mitad de la plaza, levanto el brazo y le pido al camarero el periódico y lo de siempre, mientras desalojo a unos molestos niñatos de mi mesa. ¡Abrase visto!. Después limpio las miasmas con el canto del diario y me siento.
De refilón dos mesas a mi derecha veo a una gachí de estas que quitan el hipo, viste una cinturón ancho que deja ver todo el muslamen, y una camiseta de pico mostrando un brillante canalillo mientras mis gafas de sol se vuelven ahumadas por el calor. Veo que me mira, así que me hecho el pelo para atrás. Aunque llevo gomina, pero es un gesto molón a lo “Bradley Cooper”.
Me bajo mis Ray-Ban para verificar que está que revienta de buena. Me pongo a cien imaginándome en plena faena y toda la plaza gritándome ¡Olé!, hasta que la tía sin previo aviso tuerce el morro ¡Venga ya!. Y es que ya sabéis que las tías; son como un globo deshinchándose, nunca sabes para donde va a tirar.
Me termino el reserva y me despido de la plaza en dirección a la calle del Prado, y entro en mi restaurante favorito haciendo esquina con la calle León. Le pido al chico una mesa con vistas, para ver la gloria bendita que me comeré. Y es que desde pequeño me aficioné a la carne; así que le pido un “Steak Tartar”, vamos lo que viene siendo un solomillaco tan rico que puedes comerlo con cuchara, con sus huevitos de corral, y después de merendarme un Brownie no hay nada como regar la comida con un digestivo, de estos con botánicos… vamos, un pelotazo de toda la vida, pero con cagarrutas encima.
Mientras muevo la copa de balón y me zampo una chuche, veo en la mesa de al lado una rubia de no te menees, me atuso el pelo y la miro y…¿Qué le voy a hacer? soy el tipo ideal.