Solución alternativa
ANA MARIA ABAD GARCIA | Zéfiro

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El vecino del segundo le había asegurado que su prima Marina, recién llegada a la ciudad, era una muchacha dulce y tranquila, que le iba a gustar seguro, y que Nicolás, con su carácter tímido y reposado, sería muy del gusto de ella. Perfecto, pues, la cita quedó acordada y la pareja optó por verse en un parque, al aire libre, donde pudieran liberarse de las malditas restricciones sanitarias.

Hacía meses que Nicolás no quedaba con ninguna chica y estaba nervioso. Llegó puntual a la fuente central del parque, para encontrar allí a una joven con el rostro cubierto con una mascarilla rosa: la señal convenida. Al desprenderse de ella apareció su sonrisa flotando en aquella cara rubicunda, como una rodaja de sandía recortada contra la luna llena. Nicolás parpadeó, atónito, al ver cómo la sonrisa despegaba de la cara de Marina y alzaba el vuelo por su cuenta, elevándose en el cielo recién lavado tras la tormenta de verano de aquella mañana.

Nicolás no sabía qué pensar y, cuando al fin se decidió a quitarse su propia mascarilla para sonreír a Marina, esa sonrisa cohibida se desprendió también de su semblante y se reunió con la de ella allá arriba, bailoteando las dos entre las blancas nubecillas, como globos sin cordel. Marina tomó a Nicolás de la mano para dar un silencioso paseo por el parque. Desde entonces, se sonríen el uno al otro con los ojos.