328. SOMOS DIVINAS
Yolanda García Pérez | Histeria García

Ayer era el día de la comida que hacemos todos los meses mis amigas Belén, Jesusa, Ángeles y yo. Fuimos a un italiano pero no había ningún italiano en el restaurante, así que nos quedamos con las ganas de decirle ciao, parlare o andiamo que son las únicas palabras que nos sabemos en ese idioma. Llegado a un punto de la comida en que el vino había corrido de lo lindo e intentando buscar nuevas aventuras Belén dijo que teníamos que ir las cuatro a un » scape room » porque era una forma original de pasar un buen rato. A Jesusa eso la pilló con el paso cambiado y dijo mientras le pegaba un buen tiento a su pizza : ¿ de quien hay que escapar que yo me pongo a ello ahora mismo ?. No Jesusa, solo es un decir, dije yo con la boca llena de spaghetti y unos cuantos más colgando. Además ya estamos más que idas de la cabeza pa que vamos a correr más. Ángeles que no estaba con el paso cambiado pero si con el oído sordo dijo abriendo los ojos desmesuradamente : yo creo que quién nos persigue es » room » y a ese me lo cargo yo ipso facto de un zapatazo.
La chica que atendía nuestra mesa, viendo que la cosa se le «escapada» de las manos, se acercó sigilosa y nos retiró la botella de vino que estaba a medio consumir. Belén que estuvo muy » ojo avizor » se agarró a ella con desesperación e insistía en que eso era el último reducto de humoridad que nos quedaba así que se negó tanto a soltarla que aún vacía se la llevó a su casa.
Después de la comida, muy apetitosa por cierto, fuimos a tomar un té, infusión, chai y roiboo a la tetería de siempre. De entrada probamos a sentarnos en todas las sillas para ver cuál se ajustaba más a nuestro contorno. No es que las sillas fueran muy allá, es que nosotras tenemos una forma ergonómica especial. En fin, que andamos con los pies para los portales, tenemos algo de chepa y el culo gordo. Quitando estos simples problemillas somos de lo más monas y divinas y no me explico por qué ligamos por teléfono con los teleoperadores y no cuando salimos a lucir palmito. El día lo echamos divinamente, al final fuimos como ya es tradición en nosotras a comprarnos » bragas especiales para eventos especiales» que guardamos en el cajón como siempre. Y de ahí a casa, cada una a la suya donde nos esperaban nuestros sufridos compañeros. Todo exquisito, con clase y maravilloso.