1171. ¡SORPREEESSA!
FERNANDO MOLERO CAMPOS | Mr. Arkadin

Entró en antena como una oyente más. Pablo, amor mío, cada poro de mi cuerpo arde en deseo de estar contigo. Tengo una sorpresa para ti. Feliz día de los enamorados. A Pablo Escámez, conductor del programa La radio es tuya, se le prendió una hoguera en el bajo vientre. No podía sacarse de la cabeza la imagen de Estrella aguardándolo con un picardías negro semitransparente, una cena íntima con velitas y unos juguetitos eróticos sobre las sábanas de oscuro satén mientras escuchaba las felicitaciones y dedicatorias de los oyentes. Después de una semana sin tenerla cerca debido a la enfermedad de su madre, que la había llevado a una ciudad de provincias del sur, su aletargado deseo sexual había ido creciendo con los días. Jamás un programa se le había hecho tan largo. Tuvo una idea. Después de despedirse con la coletilla: Recuerda, estés donde esté, la radio es tuya. Buenas noches y hasta mañana, se recluyó en el baño provisto de las herramientas necesarias y se aplicó a poner en práctica la primera parte de su plan. Se desnudó completamente de cintura para abajo. Cortó los pantalones un poco más arriba de las rodillas. Se colocó las perneras atadas con una cuerda para que no se le cayeran a los pies. Luego se abrochó el abrigo de manera que quien lo viera no pudiera siquiera sospechar que tras lo decente de su apariencia latía el alma de un perverso. La sorpresa se la voy a dar yo a Estrella, pensó. Dijo adiós a quienes aún quedaban en la emisora y se marchó a casa. No veía el momento de sentir el botoncito del timbre al entrar en contacto con la yema de su dedo. El corazón le latía en la caja del pecho. Notó la dureza de una erección aprisionada tras el abrigo. Se lo desabrochó despacio, llamó e introdujo las manos en los bolsillos para que no se le abriera. Escuchó unos pasos que se acercaban a la puerta. Se preparó. Nada más oír cómo retrocedía el cierre y la puerta se deslizaba sobre sus bisagras, gritó: ¡Sorpreeessa! Valentina, la madre de Estrella, que se había venido con ella para recuperarse de su enfermedad, lanzó un chillido que resonó en toda la planta antes de perder el conocimiento en los brazos de Pablo, con la cabeza desmayada sobre su abdomen. Asunción, la vecina del 5º B, con fama de chismosa, se asomó al pasillo y contempló la escena con ojos de perplejidad y asco y una mano cubriendo su boca. Y, dirigiéndose al interior de su domicilio, vociferó:
– Pepe, llama a la policía, que el del 5º A es un pervertido.
Y Estrella que no llegaba. Y a ver cómo narices le iba a explicar él lo sucedido.