981. SOSPECHAS
Nuria Chicote Mendarozqueta | Ilustradoc

Desde que aquella mujer entró en mi consulta, supe que había algo sospechoso en ella. Tal vez fuese su forma de hablar, tan suave, casi seductora. O su manera de agarrarme del brazo, con una confianza que mis años de oficio no consiguieron amedrentar. No me malinterpreten, estoy acostumbrado a que algunas pacientes se me insinúen, y normalmente soy capaz de reconducir la situación de una manera decorosa para ambos. Sin embargo, ella era distinta. No buscaba un diagnóstico, ni unos comprimidos que le extirpasen el dolor de estar viva. Por alguna razón que se escapaba a mi entendimiento, la mujer trataba de convencerme de que estaba completamente sana, y de no se tomaría las pastillas que yo le ofrecía. Su negativa a seguir el tratamiento se volvió tan rotunda, que me vi forzado a llamar a dos enfermeros para administrárselo por la fuerza. Pero no había contado con su poder de persuasión: la paciente consiguió convencerles de que era yo quién se estaba agitando, y me obligó a tragar sus pastillas. Antes de que mi vista se nublara, logré ver la placa que colgaba de su bolsillo, y que mi subconsciente había identificado como sospechosa: Dra. Marín. Psiquiatra.