975. SOSPECHOSO…¿DE QUÉ?
Jaime Expósito Atenciano | Jamie Spano

El frío se alía con el viento en la azotea del Teatro Calderón, unas lágrimas asoman a sus mejillas y aunque se juró que no lloraría, sabe que ha sido por acción del aire. Viste un impoluto traje gris, se acerca a la cornisa mientras el flequillo le golpea ambos ojos, su americana se abomba y el pasador de la camisa salta, haciendo ondear su corbata como si fuera una bandera golpeándole en toda la jeta.
Da un nuevo paso que lo deja al borde del precipicio, mira al vacío y ve el mundo divertirse ahí abajo, hoy empieza el carnaval. Inspira, se balancea y empieza a escuchar voces lejanas, al volver a mirar ve a los pequeños seres que antes caminaban apresuradamente arremolinándose en la acera, parecen mirarle y percibe gritos ahogados justo debajo de él. Tiene narices.
Necesita un cigarrillo para templar sus nervios, muerde la boquilla de un Fortuna y aspira profundamente, manteniendo el humo en sus pulmones hasta que ya no puede conservarlo más tiempo. Siente un pequeño mareo y se sienta, vaya a perder el equilibrio. Se tumba y saborea las últimas caladas a su cigarro. Escucha de fondo el sonido de unas pisadas subiendo por la escalera interior.
¿Es que no le van a dejar tranquilo?.
Entra en la azotea un tipo vestido de riguroso negro y se frena en seco al verle tumbado en el borde. Chasquea la lengua y le dice balbuceando que no lo haga.
— ¿Hacer el qué? ¿Saltar?. No fastidies hombre .— Lanza la colilla al vacío.
El tipo de negro se lleva las manos a la barbilla. No sabe qué decir, está ganando tiempo y debe contestar rápido:
—La esperanza… —vacila un momento mirando al cielo. —Hay que tener esperanza, la fe mueve montañas y él nunca te abandonará ni te fallará.
El tipo lo mira de refilón y se fija en el alzacuellos de la camisa. Al menos no es la pasma, piensa.
El hombre de negro separa sus manos intentando ganar tiempo y le pregunta:
— ¿Tienes un cigarrillo?
El otro se levanta de la cornisa y le mira divertido, se acerca y le ofrece un cigarro.
— ¡Vaya padre!, mucho dios y mucha leche pero de vicios no se priva ¿eh?.
El hombre de negro le sonríe.
— Así es hijo, pero el señor sabrá perdonarme. —Le dice acercándose más.
El cigarrillo se ilumina un segundo, sostienen sus miradas y el humo del cigarro comienza a serpentear. El hombre de negro pega una calada y lanza el cigarrillo bien lejos. El tipo del traje gris se da cuenta de que algo no cuadra en él, pero ya es demasiado tarde. En la otra mano el tipo sostiene una pistola apuntándole.
Un disparo acaba en su rodilla. El tipo no es un cura.
— Feliz carnaval capullo. Teniente Castilla. No voy a permitir que te suicides.
Se mira la rodilla. La sangre mana a borbotones de su pierna.
—¿Suicidarme?¿Estás chiflado?. ¡Me acaban de contratar como actor en el teatro!. Loco de las narices.