993. SOY DE MADRÍ, SIN D
MARIA DOLORES MARCOS GARCÍA | Mía Delasen

Soy de Madrí, sin d. Porque los que somos de aquí hablamos raro, bueno mal, para que negarlo, pero queda feo si lo digo.

Así que se oye «ejqueeee», en lugar de «es que», por todas partes. Y usamos «le» y «la» sin ningún criterio, excepto el nuestro propio, que básicamente consiste en dejarse llevar.

Para hablar del tema, no solo de oídas sino con fundamento a lo Arguiñano, he recurrido a una fuente de toda solvencia: la Wikipedia. Y allí dice que somos responsables de eliminar las diferencias en la pronunciación de la LL y la Y. Cito literalmente «Según Alonso Zamora Vicente, el yeísmo se ha extendido a casi toda España, siendo la metrópoli madrileña su principal centro difusor actual […] Las clases altas madrileñas aún conocían la diferencia de pollo (animal) y poyo (asiento) a mediados del siglo XX pero como afirma Zamora Vicente esto podía deberse a la presión escolar.»

A la primera afirmación no tengo nada que objetar por falta de conocimiento sobre el tema, pero sobre lo de dejar de diferenciar entre pollo y poyo… A ver, si digo «cómete el pollo» (jajajaja, cómete el pollo Andreíta), ¿de verdad no sabemos que se trata de un ave?, o mejor dicho, ¿dejamos de saberlo allá por el siglo XX?. Me alivia saber que al menos los de la clase alta comían pollo y no poyo, que suele estar hecho de piedra o albañilería.

Pero en Madrí en realidad no hablamos mal, sólo le damos otro aire al lenguaje. Y no somos los únicos. En otras zonas se dice, por ejemplo, «vamos a dormir en ca Mari» y nadie se escandaliza. Importa lo maja que es Mari ofreciendo su ca, y no le damos importancia a que haya desaparecido una sílaba. Porque hay que ser agradecido y no tiquismiquis. Y si algo caracteriza a la metrópoli madrileña es que es integradora ¿o no?. Y al hablar también adoptamos lo de otros.
Yo misma fui de tiendas y al volver dije: «¡cómo ha subido todo! Iba a comprar dos fundas para la tabla de la plancha, pero es que costaban…30 euros ca funda». ¿Ca funda? ¿CA FUNDAAA?. Y es que aunque no pertenezcamos a esa clase alta que sabía distinguir un pollo de un poyo debido a la presión escolar, reconozcamos que los profesores de cualquier época acostumbran a enseñarnos qué es dar patadas al diccionario. Y por eso repetí «cafunnnda», todo junto y acentuando mucho la u. Mi expresión, con los ojos muy abiertos, y un tono de voz entre autoreproche y bochorno, puso la guinda, haciendo estallar en carcajadas a los de alrededor. Porque, por muy madrileños que seamos, hay que tenerle respeto al idioma, y no hay excusa por muy abusivo que sea el precio, panda de ladr…

Pero no, !no todo vale!…aunque espero ver mi palabra algún día en la Wikipedia.

NOTA: Utilizar «con fundamento» no es plagio, que he tenido la precaución de citar al autor. De verdad, como sois.