325. STOICUS MAXIMUS, OPTIMUS IMPERATOR
Enrique Rodríguez Rodríguez | Pozuelito

A Stoicus Maximus le picaba enormemente el culo. A su frente, la masa enfervorecida de la plebe en el Foro, en rotunda aclamación.

Una seña del Prefecto de los pretorianos, Marcellus Farsantius, a su derecha, le saco de su ensoñación. Se rascó decididamente el culo, saludó a la plebe, que le aclamaba apasionadamente, y salió del Circus Maximus hacia su palacio en el Palatino.

Stoicus rememoraba… ¿Cómo un funcionario de correos de Palencia con avanzados conocimientos de física cuántica y teoría de cuerdas dirigía el imperio más vasto de la Antigüedad, con millones de ciudadanos adorándole?

Junto a su amigo del CSIC, construyó una máquina del tiempo. Su mujer sin querer, le había empujado cuando dijo “¿qué quieres?… aunque él, cuando dijo “emperador”, se refería a un pescaíto para la cena.

Stoicus fue sacudido en sus pensamientos por el pretor, Scandalus Minimus, un eficiente y austero personaje.

– “Augusto, ¿ya tomó la decisión?”
– Aquí tienes un dibujo: se va a llamar acueducto, pero lo vais a levantar en donde te señalo, y a la ciudad la vamos a llamar Palencia.

Stoicus pensó para sus adentros “que se jodan los segovianos, ya verás cuando lleguemos al siglo XXI”

– “Sal y llámame a Plauto, por favor”.
– “Augusto, a su disposición”
– “Mira Plauto, me vas a escribir una obra que he pensado se va a llamar “Juego de Imperators”. Inventé animales voladores, llamados dracos. Que la gente pague la temporada por anticipado y les damos un salvoconducto llamado Theatrumflix…

Stoicus era inmensamente amado. ¡Cuántas ideas voy a ejecutar con mi poder máximo! ….. si es que yo estaba muy desaprovechado en Correos de Palencia, lo mío es gobernar Imperios….

Plauto, escribe mi biografía…. “Stoicus, Optimus Imperator”, … tenemos que estudiar el estilo de Cicerón, hoy quiero superarle en mi intervención al Senado.

Horas más tarde, una imponente figura enfundada en púrpura se dirigía al Senado de Roma, con voz firme e inimitable oratoria…

– “Hasta cuando, Germania , abusarás de nuestra paciencia?

… En ese preciso instante, ante la mirada atónita de 300 senadores de las familias patricias del Imperio, una tremenda explosión. Tras la cegadora luz, un momento de expectación ante la vista de lo que parecía la aparición de una … ¿diosa romana? ¿Minerva, Vesta, Venus, Diana…?

Vicenta. Era Vicenta. La diosa vestía claramente bata de guata sobre falda plisada, pantuflas, moño ceñido, y una expresión de esposa irredenta que no quiere hacer prisioneros.

– “La puñetera maquinita, y yo con la cena puesta. Vamos, a casa, ya voy estando harta de tus experimentos…”
– “pero Vicenta, que estoy a punto de hacer historia en la orato…”
– ¡!!!!!Qué entres te digo!!!!
– “Joder Vicenta, cómo te pones, bueno, voy…”

De nuevo el viaje a lomos de un bosón, de nuevo la rutina, de nuevo el trabajo en Correos…

Ahora sí, caminando por el bulevar de Palencia, Stoicus no daba crédito a sus ojos… debía estar soñando, ¿o era otro sueño dentro de su sueño …?

– “Vicenta, ¿qué hace eso ahí?”
– “Tú debes ser bobo o te entrenas? Joder, es el acueducto de Palencia…¡¡¡¡SIEMPRE HA ESTADO AHÍ!!!!!