1295. STOP BESOS, NO EMBARAZOS.
Sara Nieves Pérez-Yarza | Negua

Hoy he decidido retornar a mi juventud y recordar una anécdota del instituto. Si bien era un instituto público y no tenía relación alguna con la religión, una alumna de mi clase era creyente en exceso, y por lo que me hizo saber, su familia también. Considero que hay una línea muy fina entre ser creyente y ser crédula, y ella la sobrepasaba con creces.
El primer día de clase, María, que así se llamaba (nunca sabré si le pusieron el nombre por casualidad o por causalidad) se sentó a mi lado y comenzó a hablarme en cada clase con mucha asiduidad.
Entre todas las cosas raras que me contó, hubo una que llamó poderosamente mi atención, ¡Aseguraba que su madre se había quedado embarazada de su hermana mayor siendo virgen! Lo más sorprendente de todo es que ella parecía firmemente convencida de ello. Cuando le expuse mi pensamiento acerca del tema se enfadó muchísimo, pues me acusaba de llamar embustera a su madre.
Al final, como me gusta mucho una broma y no puedo dejar pasar una oportunidad que me están poniendo en bandeja, le dije:
«Me he acordado de algo que estudié el año pasado en biología. Resulta que los hombres tienen un conducto que nace en el interior de sus escrotos, va camino de la laringe, y desemboca justo al final de la garganta. La profesora nos explicó que cuando un hombre besa a una mujer, ese hecho le provoca excitación. En ese momento, el conducto comienza a funcionar y hace que los espermatozoides suban, la epiglotis se abre, se mezclan con la saliva y entran en la boca de la mujer.
María se quedó pensativa y creyó que podía tener sentido, aunque no pareció convencerse del todo. Curiosamente, mi explicación hizo que le surgieran dudas, la de su madre no.
Entonces, mirándome con cara de sorpresa me preguntó «¿Pero esto lo sabe la gente?». Le contesté que en teoría sí, pero que por si no fuese así, me ofrecía a realizar unos carteles informativos para colocar alrededor de la clase. Le pareció una idea genial, por lo que procedí a inventarme un par de frases pegadizas, a saber:
¡STOP BESOS, NO EMBARAZOS!
¡SIN BESITOS NO HAY RETOÑITOS!
El primer cartel incluía el dibujo de una señal de stop, el segundo, llevaba dibujados unos labios tachados, y ambos, estaban pintados en colores llamativos.
María no supo que mi explicación era una burda mentira, lo que hizo que se quedara tranquila respecto al hecho de que no se pudiera poner en duda la honestidad de su progenitora. Aunque aquel fatídico día tomó una drástica decisión respecto a su relación de pareja, nunca se besaría con su novio antes de unirse a él en sagrado matrimonio. Supongo que no quería arriesgarse a sufrir un embarazo no deseado.