15. SUCEDIÓ EN VALLEKAS (BASADO EN HECHOS REALES)
Carlos Alberto Marín Muñoz | Carlos Capelli

Llueve a mares en Madrid. Me dispongo a coger el bus para no caminar los 15 minutos que me separan de mi destino para mojarme lo menos posible. Cruzo el paso de peatones porque la parada del autobús se encuentra al otro lado. La típica señora con la bolsa en la cabeza se encuentra a mi lado. No tenemos por dónde cruzar porque la acera de enfrente se ha convertido en un río. La señora y yo nos miramos y decidimos cruzar el río como el tipo aquel de tv que se pierde voluntariamente en la selva amazónica y se come to lo q pilla. Llegamos a la acera de enfrente, nos refugiamos debajo de la marquesina. El agua nos llega literalmente a los tobillos. No hay ni una triste farola que nos haga visibles para el conductor del autobús, por lo que tenemos que quedarnos allí para que nos vea. La falta de luz nos impide ver que hay un grupo de personas justo detrás de la marquesina pero les escuchamos, nos giramos y les vemos. Nos preguntamos por qué están ahí. Cuando se reanuda el tráfico, un coche tras otro pasan follaos a nuestro lao. Nos convertimos en protagonistas de la película del tsunami en cuestión de segundos. Varias olas de más de 1,80 metros nos estallan en toa la cara. Cojo del brazo a la señora de la bolsa en la cabeza (que mide 1,50 metros) porque veo que se ahoga. La señora vuelve en sí y, trastornada por lo sucedido, olvida darme las gracias. En ese momento esa era la menor de mis preocupaciones. Pasado el shock, corremos a unirnos al grupo que, aunque también les llega el agua por los tobillos, se protegen de los tsunamis muy inteligentemente. La señora, que ha perdido la bolsa debido a la sacudida acuífera, echa en cara a todos que no nos hayan avisado. Llega el bus. El nivel del agua es tan alto, que cuando las puertas del bus se abren, el agua entra en el autobús y las personas que estaban dentro del bus gritan pensando que sus vidas llegaban a su fin. La señora, íntima amiga mía ya, dice en voz alta en un bus abarrotao de gente que se ha mojao hasta las bragas. Nadie ríe porque hay mucho que superar. Pero tiene razón, yo quedé como si me hubiera metido con ropa y todo en la piscina. Y mi puñetero Iphone esta mañana decía que no iba a llover. Ya estoy seco y a salvo. Escribo esto para desahogarme y ahorrarme el psicólogo, jajaja. Moraleja: es lógico que te mojes cuando llueve, pero siempre te puedes mojar más, así que camina floj@ de mierda! Jajaja!