364. SUPERHEROE NO NORMATIVO
José Carlos Palacios Galea | Videópata

Emiliano volvía a llegar tarde al trabajo.
Nunca imaginó que ser un superhéroe fuera tan incompatible con trabajar en Mercamadrid.
El día en que se despertó con los superpoderes (volar, tener superfuerza, supercapacidad de detectar gluten en los alimentos) la primera idea que le vino a la cabeza fue que nunca volvería a llegar tarde a su trabajo sin importar los once kilómetros de distancia de su casa.
Lejos estaba de imaginar lo que le esperaba, ya que no había día en que pudiera volar tranquilo hacia su trabajo sin que alguien le pidiera ayuda.
No ayuda en plan “un monstruo gigante está atacando la ciudad”, como pasaba constantemente en Nueva York. En su caso le pedían ayuda, para encontrar un caniche perdido, para que detuviera una pelea entre dos borrachos de empalmada, e incluso para sacar un coche aparcado en un vado que impedía la circulación… y el pobre Emiliano sabía que negarse a cualquiera de esos tediosos problemas significaba que le pusieran a parir. Según en razonamiento de la gente, ¿Por qué no iba a ayudarlos, él que puede? ¿Acaso un gran poder no implica una gran responsabilidad?
Hasta los mismísimos estaba Emiliano del poder y la responsabilidad. A la gente le faltaba tiempo para insultarle si no les ayudaba, pero lo luego eran todos muy parcos en palabras para agradecérselo o para hablar bien de él. Ni siquiera para hacer alguna publicación en las redes.
Todo lo que se publicaba de él era para burlarse de lo mal que le quedaba el traje.
Porque claro, ¿Dónde se había visto un superhéroe bajito, calvo y rechoncho, más parecido a Jesús Bonilla que a Christopher Reeve?
¿Y a mí que me cuentan? Argumentaba Emiliano ante las críticas. ¿Yo que culpa tengo de fuera cual fuera la fuerza divina que me dio los poderes eligiera tan mal?
Porque las cosas como son, ser un superhéroe es para guapos y cachas. Nadie quería nunca admitir que le había salvado la vida un superhéroe al que las lorzas le sobresalían en su ceñido traje de lycra naranja con lamparones. Eso no era glamouroso. Eso no daba followers.
Emiliano se preguntaba cuántos superhéroe en EEUU En su misma situación, que nunca salían del armario, porque estando Superman, nadie les necesitaba a ellos.
Él no tenía esa suerte, dado que era el único superhéroe de Madrid y alrededores.
Ser buena persona y usar sus poderes para impedir una colisión entre dos coches el primer día le había pasado factura. Desde ese día todo el mundo sabía quién era. De poco sirvió que intentara disfrazarse. Su físico era demasiado reconocible, y todo el mundo le seguía llamando Emiliano, menos los desgraciados que le llamaban “Fatman”.
Por eso, ese día, ante la enésima bronca por llegar tarde al trabajo sin ser culpa suya, Emiliano tomó una decisión. que nadie podría reprocharle: Dejar de salvar gente y limitarse a mostrar sus poderes en TikTok.
Si, fue pena para toda esa gente que murió posteriormente por no estar él para salvarles. Pero… ¿Y lo que molan sus videos?