1072. SUPERPALADÍN
Julio-Ramos Borrego | JRamos

La pequeña lloraba desconsolada acurrucada al pie del árbol. Jacinto, se acercó entre curioso y piadoso.

– ¿Dime pequeña, que es lo que tanto te aflige?
– ¿Me afliqué? – interrogó la pequeña enjuagándose las lágrimas.
– ¿Qué porque lloras?
– ¡Ah! ¡eso!… Pues por Misifú, mi gatito, se ha subido a la rama más alta de este árbol y ahora no sabe bajar.
– No te preocupes, este es un trabajo para… para……

Y sin dejar de repetir “para, para…”, Jacinto se despojó de su camisa y sus pantalones. Debajo: Botas de agua rojas, guantes de goma amarillos, unos calzoncillos rojos encima de un pantalón de chándal, una camiseta azul del baratillo y atado al cuello, un mantel de cuadros rojos.

Cuando por fin pudo quitarse la ropa, a base de saltitos, puso pose “épica” y acabó la frase.

– … para “SuperPaladín”.
– ¿Superpaqué? – Pregunto la niña curiosa.
– Superpaladín… soy un superhéroe, ¿Es que no se nota?
– Bueeeeno, si tu lo dices – Dijo la niña no muy convencida – Entonces, puedes subir volando hasta Misifú y rescatarle, ¿no?
– Pues, me temo, que no voy a poder hacer eso.
– ¿Pero no me has dicho que eras un superhéroe?
– Sí, así es, pero no se volar, soy de los superhéroes esos que no vuelan, ya sabes.
– Ah, vaya… ¿Y poderes mentales tienes?
– No.
– ¿Lanzas rayos?
– No.
– ¿Sabes kárate?
– No.
– ¿Tienes armas?
– No.
– ¡Pues vaya mierda de superhéroe!
– Un poco de respeto, niña. Tengo la mejor arma de un superhéroe: El valor y la disposición para “desfacer entuertos”.
– ¿Desfacequé? ¿entorqué?
– Desfacer entuertos.
– ¿Y eso que es lo que es?
– Pues, ayudar al prójimo, consolar al afligido, socorrer al vilipendiado.…
– ¡Ah! ¡Ya sé cual es tu superpoder! – Interrumpió la pequeña con cierta ironía.
– ¡Ah! ¿sí? ¿Cuál?
– Hablar raro… eso se te da muy bien.
– Je, je, je… que graciosilla nos ha salido la nena.
– ¿Y entonces? ¿Vas a rescatar a Misifú o qué?
– Ya voy, ya voy, no me apures.…

Jacinto miró hacia la rama, dónde el gato se desgañitaba a maullidos, y no pudo evitar sentir un escalofrío de vértigo. Pero, lo prometido es deuda, y con cierta torpeza empezó a escalar el árbol con los ojos cerrados. Por fin, después de una eternidad de agonía, consiguió encaramarse a la dichosa rama. Y cuando se atrevió a abrir los ojos el gato ya no estaba en la rama.

– ¡Eh! ¡Señor Superhéroe! – gritaba la niña desde abajo – que ya no hace falta que suba, que al final Misifú ha bajado él solito.

Jacinto miró hacia abajo y vio a la niña tan feliz acariciando a su gatito, y una multitud que se había arremolinado alrededor del árbol para ver al “Superhéroe” chalado.

Al ver a la gente allí abajo tan lejos, como hormiguitas, murmurando y gritándole que bajara volando, se abrazó con fuerza a la rama, muerto de miedo, y no pudo más que gritar:

– ¡Qué no sé volar, coño!

A lo que la multitud, a coro, respondió:

– ¡Pues vaya mierda de superhéroe!