379. SUSTO O MUERTE
HORTENSIA BARDERAS ALVAREZ | Mabilia

Todas las mañanas, nada más levantarme, lo primero que hacía era mirar las esquelas del periódico. Un día me pegué un buen susto. El muerto era yo. Debía de haber ocurrido de repente, porque yo no me había enterado y nadie me había avisado. Corrí a llamar al móvil de mi mujer, pero me saltó el contestador, estaba en mi funeral.
Al intentar llegar al tanatorio tuve problemas para montarme en el autobús. Mi tarjeta ya no funcionaba y al conductor le daba cosa cobra a un muerto. Ya en el tanatorio mis cuñados se pusieron hechos unas fieras, «¿a quién se le ocurre presentarse de cuerpo presente en su propio entierro?». Desde la puerta oí quejarse a mi mujer «hasta muerto tienes que montar el numerito».
Fui a sacar dinero de un cajero, pero la cuenta estaba bloqueada. Decidí irme al trabajo y al llegar comprobé que mi sitio ya estaba ocupado. «¡Sí que os habéis dado prisa!». Encogieron los hombros y no supieron que decirme. «¿Y mis cosas?». Se las habían repartido,» como a tí ya no te van a hacer falta».
Intenté coger un taxi para volver a casa pero todos me rechazaban diciendo que no eran coches fúnebres. Al volver a casa me di cuenta que mi mujer, que ya estaba de vuelta de mi entierro, había cambiado las cerraduras. Me fui a sentarme a un banco del parque. Allí pasé la noche. Como estaba muerto no pase ni frío, ni calor.
Quise comprar el periódico a la mañana siguiente pero no tenía dinero y no me admitieron una suscripción porque al rellenar los datos comprobaron que mi DNI ya no era válido.
Han pasado unos meses. Sigo durmiendo en el banco. Todas las mañanas voy a la biblioteca a leer el periódico. Ya nunca leo las esquelas, no vaya a ser que encuentre el nombre de mi mujer en una de ellas y me dé un susto de muerte.