Tan triste que no duele
Guillermo Juarez | Azor Vergara

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Me pides que me vayas, pero ¿cómo lo haces? Dejando que sea yo quien me dé cuenta que esta primera cita no tiene razón de ser, que aunque con risas amenicemos el aire queda mucho espacio que llenar entre los dos, y no se llenará con puentes de razones ni cosas comunes. No se pueden construir puentes a tantos kilómetros de distancia. Pero aun asi aquí seguimos, tú contandome cosas de tu madre, yo finjiendo que me importan. Y allí seguimos porque afuera llueve y no traigo paraguas, y allí seguimos porque no quiero tener otro fracaso que sumar a mi lista, que no solo yo cuestionaré. También mis amigos, mi famiia, mis compañeros de trabajo, mi portero, el cartero… El aire se sigue llenando de maravillas que salen por tu boca, de viajes, de lugares, de comidas y yo me quedo pensando: que las primeras citas no son lo que nos han contado, no son como en las películas. Simplemente son dos desconocidos no queriendo serlo, queriendo encontrar algo que no se puede dar en una sola primera cita.

Y entonces salgo de mis pensamientos , creo no has notado el cambio. Mi mente es otra, mi cuerpo y mi disposición también. Mas cercano a la mesa, mas cercano a lo que oigo, más cercano a esos miles de kilometros que nos separan. Y te oigo hablar de Estivel, y mi cuerpo baila al unisono ¿ como es posible que la conozca? ¿ como es posible que salga sin querer ese nombre y ese libro? Me cuentas que lo leiste en el instituto, que no querías, pero era obligatorio. Que lo cogiste entre tus manos como un si de un tonel se tratase, aunque el libro no cuente con más de ciento cincuenta páginas. Que conforme ibas pasándolas, el tonel se hacia mas ligero y crecia en ti un mayor aplomo entre el pecho y la espalda, y que a veces ese aplomo se desplazaba más abajo, hacia tus piernas, y temblabas, y a que a veces, ese aplomo se desplazaba más arriba y llorabas. Y como Tita, también reías. Y me cuentas que pensabas que no te acordabas de tanto, pero que no sabes que te está pasando, pero crees que es quizás por como te estoy mirando que los recuerdos se hacen más fáciles. Puede ser, porque yo mismo ya soy otro. La mesa es otra, no se ha movido nada de los platos, pero ha pasado el tiempo y ya es otra. Y derrepente te callas y esperas mi respuesta. No se qué decir, pero al hablarlo lo pienso. Quiero que no deje de llover, quiero que se pierdan más kilometros entre los dos. Tu petición tambien es otra. Me recompongo y digo que no hay historia de amor más bonita. Sonries.

Salimos fuera. Llueve. Nos miramos y reimos. Tienes las gafas empañadas y mis rizos comienzan a deshacerse. Y te digo: ¡venga! tengamos una segunda primera cita, esta vez elijo yo el libro.