81. TARIFA PLANA
SILVIA MARINERO ESCOBEDO | SILVANA

—Buenos días, mi nombre es Diana, ¿en qué puedo ayudarle?
—Buenos días. Tengo problemas con internet. Todos los días, sobre las ocho de la tarde, la conexión se interrumpe misteriosamente durante dos horas.
—Por favor, dígame su DNI para comprobar su contrato.
Se lo digo, aunque ya me había identificado previamente con la voz enlatada, justo antes de que ésta me advirtiera que la conversación podía ser grabada.
—Sr. Oliveira, su tarifa es muy poco ventajosa, puede contratar una superior por solo diez euros más al mes. Se la detallo porque seguro va a estar interesado en…
—No, señorita, en lo que estoy interesado es en que arreglen mi problema.
—Con esta nueva tarifa en promoción tendrá una velocidad de subida de …
—Disculpe, creo que no me ha entendido, hay dos horas de cada tarde durante las que no tengo wifi, no es cuestión de megas sino más bien de meigas —insisto armándome de paciencia.
—¿Ha comprobado su router? La nueva tarifa incluye un dispositivo más avanzado…
—No es antiguo y sí, lo he comprobado.
—¿Qué le ha dicho el servicio técnico?
—Mire, señorita, para eso he marcado todos los dígitos que me acaba de indicar su contestador automático, para que me pasen precisamente con el servicio técnico.
Debí alzar un poco la voz porque en ese instante mi hijo pequeño se asoma a la puerta y me suelta:
—Papá, dile lo del fantasma.
—Adri, por favor, estoy hablando por teléfono.
—Pues por eso, papi, es que ella no sabe lo del…
—Cállate un momento, te lo ruego. Disculpe señorita, ¿me decía?
—Que si ha contactado con el servicio técnico.
Cuento hasta tres antes de contestar.
—No, aún no he sido capaz, ¿podría usted pasarme con el susodicho?
—Naturalmente, no se retire.
Vuelve la música alienante. Mi hijo, envalentonado, abre de nuevo la boca.
—¡Adrián!
—¡Jo, ahora no estás hablando!
—No, ahora estoy escuchando.
—¿Esa música tan fea? —pregunta extrañado.
—Estoy esperando a que acabe para que alguien me conteste.
—¿Podemos hablar un poquito mientras?
Decido rendirme.
—Dime —suspiro.
—Mamá dice…
—Mira Adri, mamá bromea. Los fantasmas no existen.
—Eso ya lo sé —replica muy serio—, pero este sí. Viene porque tú eres “fafe”.
—¿Cómo?
—Pues que como eres “fafe”, el fantasma…—intenta explicarme en tono condescendiente como si fuera yo el que tuviera sus seis años.
—¿Así que según tu madre yo soy gafe?
Asiente orgulloso. Intento verle el lado gracioso sin conseguirlo.
—¿Me haces un favor? Quédate aquí tranquilito escuchando la música y cuando alguien hable, me avisas corriendo.
—Vale.
Después de tener un cambio de impresiones con mi mujer sobre supersticiones, fenómenos paranormales y otras supercherías, vuelvo al salón justo a tiempo para escuchar como mi hijo ha decidido prestarme su valiosa ayuda.
—…es gafe, sabe, pero no es su culpa aunque por eso internet no funciona y necesita que lo arreglen para que…
Cuando logro coger el teléfono el interlocutor ha colgado. No sé a cuál de los tres quiero asesinar primero.