¿Te puedes enamorar en una primera cita?
Esperanza Macarena Expósito Molina | Calíope

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“Existen tres razones por las que permanecería a tu lado. Una es ese amor que siento desde que te vi la primera vez y las otras dos… las ha borrado mi razón” Lía Orense. Poeta Española



Me programaron mi primera cita con el amor de mi vida un dos de Diciembre “qué frío” fue lo primero que cruzó mi mente. “Voy a pasar un frío terrible…” “¿No podrías haber elegido otro momento?” “Me tendré que abrigar, y por supuesto me mantengan encendida la calefacción en ese dichoso sitio”



Tenía ilusión por encontrarme con él. Claro. Pero no lo buscaba. Irrumpió en mi vida cuando menos lo pensé, cuando menos lo imaginé. Cuando aseguraba que mi vida tal y como la tenía organizada era suficiente, estable y cumplía las expectativas de lo que se espera de una mujer en una sociedad de hoy día… Pero esa noche, hubo una señal, que yo al principio ingenua pasé inadvertida. Sin embargo, aparecieron más señales, que desembocaban en especulaciones por parte de amigos y familiares, y que yo pretendía justificar entre risas restando importancia, aunque en la intimidad mi conciencia me advirtiera, y yo me refugiase en meras excusas, porque albergaba miedo e incertidumbre.



Un día todo se confirmó. Tú habías llegado a mi vida. Y pondrías mi vida “perfecta” patas arriba. Me avisaron. Me aconsejaron que nuestra primera cita iba a ser un tanto extraña, porque me encontraría con sentimientos cruzados y tomaría plena conciencia de lo que significaría que tú aparecieras en mi vida. Pero al mismo tiempo acabaría enamorándome como una condenada. “¿En serio?” lograba preguntar cuando amigos y conocidos me contaban su experiencia. Me hablaban de ti como si te conociesen de toda la vida.



Y sí, puedo afirmar que te quería, pero el amor era tan grande como lo eran mis temores, mis dudas. “¿Me querrás?” “¿Estaré a la altura de tus expectativas?” Cada día, en su crepúsculo, cuando mi mente paseaba por ese mar de incertidumbre, y suposiciones futuras, te sentía…Era una sensación de calma que me embriagaba, como si supieras qué me ocurría en ese instante y lo que necesitaba.



El uno de diciembre empecé a notar tu presencia, ya estabas llegando. Y fui al lugar de

encuentro entre nervios, ilusión, miedo y con ganas de ver tu cara. Dolores, gritos y si a eso le sumamos mi poca paciencia, era un cóctel molotov. Sin embargo, de manera puntual llegaste a nuestra primera cita. Y a las una y media de la madrugada del día dos de diciembre, te pusieron en mis brazos.



Y te vi. Una chispa prendió, un clic se accionó. Y al cruzar nuestras miradas. Todo se iluminó. Las dudas se disiparon. Sólo había eso…amor. Pero era más que amor, era vida. Me enamoré como una condenada. Mi hijo. Amor a primera vista, un amor que se convirtió en incondicional. Y es que en las primeras citas una también se enamora. Ser madre es tener una cita a ciegas con el gran amor de tu vida.