566. TEMPUS FUGIT
JUDITH VIDAL BERNABÉ | Judith

Dicen que la crisis de los 40 es crucial. Crucial no sé, pero depende cómo, la cruz la llevas puesta.
Generalmente las mujeres sobrevivimos en crisis constantes y nos solemos diferenciar entre solteras y casadas, con las envidias insanas que despertamos las unas en las otras. Es casi como tener el pelo liso o rizado o el tamaño de sujetador, nunca estamos conformes. Cuando atravesamos esa barrera imaginaria, parece que ya no haya marcha atrás: las solteras ya nunca encontrarán pareja, ni la quieren, y las casadas para qué la van a soltar, o no pueden.
En mi caso, ya tuve crisis de los 30. Ingenua de mí no sabía que era solo un ensayo. Quien me diga algo de los 50 que se atreva a dar la cara que le va a salir caro.
Con los 40 fue diferente, es más, ni siquiera fue a los 40, sino a los 39, cuando ves que te acercas al abismo a toda velocidad y sin frenos.
Todos esos propósitos y estereotipos que creíamos que deberíamos tener y no te regalan. Todas esas complicaciones que nadie se ha parado a preguntar si apuestas o no. Y llega cuando haces balance y no balanza. Cuando te preguntas en qué momento cambiaron los números y vueltas de tu báscula. Cuando el tinte de colores ya no es para sorprender sino para tapar. Cuando cambias las mallas ajustadas por el chándal soloparaelfindesemana y el findesemana cada vez se hace más largo. ¿Quién me ha plantado aquí y qué está haciendo con mi vida?
En cuanto a la crisis de los 40 en los hombres, por lo menos en los que conozco, la mayoría se hacen la misma pregunta:
-¿Qué es una crisis?
Ellos lo viven de otra manera. Para ellos llegar a los 40 como mucho significa tener una moto más grande y empezar a hacer Triathlon digan lo que digan mi madre y mi mujer.
Que si ahora me afeito la cabeza porque quiero y no porque las entradas han dejado paso a una pista de aterrizaje. Porque soy un madurito sexy.
No suelen aplastarse en la nostalgia ni en los recuerdos, porque ellos lo miden todo en Champions y mundiales. Solo les preocupa un tema en concreto, dar la talla y no precisamente la del pantalón.
Lo realmente difícil debe ser cruzarse dos personas a esta edad y empezar de cero. Nosotras que ya no damos puntada sin hilo ni patada en el filo, que no nos pongan a nadie delante de quien ya conozcamos el nombre y su forma de aburrir. Ellos, cansados de otra influencer venida arriba en repostería y decoración. Con la varita de medir y no la de hacer magia. Contando memes, memas y memos. Catas de yoga y retiros de vino. Tatuajes retachados y convertidos en tremendos gatitos de Botero. Que si ya mismo el gotero, y las gafas que no son de Sol.
Qué duro es hacerse mayor… y qué hostia tenemos.